Luego del diálogo que mantuve con Lama Geshe Tenzing, en una entrevista para Radio Serenidad, tuve una nueva perspectiva para entender el proceso por el cual los seres humanos logramos una comprensión integral de algo. El Lama me dio a entender que necesitamos entender las cosas primero con la razón para luego llevarlas al corazón y, mediante la práctica, lograr la integración de pensamiento y corazón. Según él, la conciencia abarca tanto el pensamiento como el sentir del corazón. La manera en que lo expresó me permitió reorganizar mis pensamientos alrededor del tema de la mente racional, la misma que he expuesto antes que es necesaria para nuestro entendimiento en el nivel lógico, pero que no podemos quedarnos ahí puesto que lo que abarca es puntual y, por eso, necesitamos abrirnos a la mente abstracta. Durante el programa Reflexiones, pude expresar esta idea con mucha claridad al hacer asociaciones desde una perspectiva que puede resultar más clara para algunas personas. He asociado la mente racional con el ego, en la medida que seamos esclavos de los pensamientos, y la mente abstracta la he asociado con el alma asumiendo, obviamente, que el alma representa el ser sabio y esencial en nosotros. La mente abstracta y el corazón intuitivo son las herramientas del alma así como la mente racional y el corazón del deseo son las herramientas del ego. El ego representa nuestro yo inferior y el alma representa nuestro Yo Superior. Generalmente, vivimos divididos y separados entre el yo inferior y el Yo Superior.  En el siguiente diagrama intento representar, de forma visual, este concepto. Usando las herramientas de las que disponemos los humanos, necesitamos encontrar la manera de alinear el yo inferior con el Yo Superior, el ego con el Alma, la mente racional con la mente abstracta y el corazón del deseo con el corazón intuitivo. Esa es una tarea que requiere nuestra total atención, disciplina y persistencia.

diagrama1

 

Para lograr esa alineación necesitamos hacer una análisis muy profundo de nuestro patrón de pensamiento hasta llegar al origen de lo que promueve nuestro comportamiento. Revisar detenidamente la historia de los pensamientos habituales e ir desmenuzando su contenido hasta llegar a la raíz, el momento en que se creó el condicionamiento o la visión de ese pensamiento original. Luego, entender su funcionalidad, verle tal y como es hasta que nos quedemos sin prejuicios, sin cargas emocionales que marquen nuestro comportamiento de una manera dañina.

Qué poco fácil es ver las cosas tal y como son. Una profesora muy influyente en mi vida una vez me dijo: “what you see is what you get”(lo que ves es lo que recibes) y eso me quedó muy grabado tanto para mi proceso personal como para lo que he visto en el caso de todos los pacientes que he tratado. Todas las personas, sin excepción alguna, han intentado cambiar a otra persona, especialmente en las relaciones más íntimas. Padres y madres que desean moldear a sus hij@s a su gusto sin considerar la naturalidad de los niñ@s, parejas que desean que su amad@ cambie. Entramos en relaciones cercanas notando algunas cosas que no cuadran con nosotros y pensando que, debido a la intimidad y el amor en la relación, las cosas pueden cambiar. Casi nadie logra su propósito. Si supiéramos ver las cosas como son sin involucrar el sentimiento que enceguece, podríamos tomar decisiones mucho más centradas, claras y beneficiosas para nosotros. Eso es complicado de lograr pero muy factible. Lo más probable de por qué funcionamos así es porque necesitamos las experiencias que nos generan otras personas para ir despertando. Solo seres más evolucionados y despiertos tienen esa facultad ya instalada en su genética. La mayoría estamos envueltos en ese proceso de estar sometidos a la fuerza del ego. Esto implica que nos identifiquemos con los sentimientos, buenos y malos, de una manera personal, asumiéndolos como nuestros y viviendo en un mundo de importancia personal que busca llamar la atención para obtener, de la forma en que el ego necesita: amor, apreciación, admiración y valor dado por otros. Para salir de la óptica del ego, necesitamos recurrir al Yo Superior y sus herramientas que, además de las que he mencionado ya, incluye la voluntad que se desarrolla en lo que representa el corazón también. La verdad es que mucha gente que conoce del asunto de la intuición la relacionan con el corazón pero, mi caso, es algo diferente. Puede ser que la voz de la intuición salga del corazón pero yo la siento en las tripas. Esto puede ser porque mi corazón no está lo suficientemente puro como para poder escuchar, sin prejuicio, la voz de la intuición o del alma, de forma directa. Todavía siento que la voz del deseo del ego se mezcla de forma sigilosa y me engaña a ratos así que, al menos por ahora, puedo diferenciar la voz del alma por su cualidad y por el lugar corporal en donde se evidencia la reacción física a su llamado. Una vez, inclusive, sentí ese llamado del alma como una corriente poderosa que movió todos mis chakras y no pude más que someterme a esa fuerza y fue lo mejor que pude haber hecho. Es más, no fue ni siquiera cuestión de sometimiento, simplemente se adueñó de mí y me indicó el camino a seguir, abriéndome todas las puertas posibles. En tal caso, llegar al punto de poder empezar a diferenciar la voz del alma me tomó muchos años de observarme, de equivocarme, de confundirme entre la voz del ego y la voz del alma, hasta que logré identificar ciertas cualidades del alma. Realmente que es poco fácil discernir, pero hay que hacerlo con la práctica y equivocándose miles de veces. Y, todavía falta un camino largo que recorrer pues apenas he podido discernir un poco de estas cualidades sensoriales que han ayudado a diferenciar. La duda es todavía mi fiel compañera y aunque ahora doy más credibilidad a las experiencias sensoriales sutiles, todavía esa dosis de incredulidad y escepticismo están presentes. Me resisto a creer, totalmente, en lo que percibo por miedo a equivocarme y eso, por encima de todo, refleja mi imposibilidad de romper con el condicionamiento de lo que significa equivocarse. Recordemos que desde pequeños tenemos ese dedo que nos señala si nos equivocamos y los errores se nos han marcado, a la mayoría, como ejemplos de los motivos por los que no podemos ser aceptados, amados y apreciados. La huella que deja esta psicología social es muy pesada y, además, es reflejo de la disfunción generalizada en la que vivimos. En tal caso, si bien una vida parece bastante tiempo para trabajar muchas cosas, realmente es poco tiempo para trabajar y superar aunque sea una sola cosa. Lo que sí puedo decir es que trabajar, aunque sea en una sola cosa, permite abrir el camino para superar un montón de cosas que no podemos imaginarnos sino hasta lograrlo.

Entonces, volviendo a la alineación, lo que fue muy importante para mí escuchar de Lama Geshe Tenzing fue esto de que tenemos que usar el raciocinio para entender el origen de nuestros pensamientos y sentimientos y una vez que llegamos a ese punto necesitamos asentar ese conocimiento, en el corazón, a través de la práctica de esa comprensión. Por ejemplo, si llego a entender que la carne y el azúcar me hacen daño, necesito dejar de consumirlos, esta es la práctica. No me sirve de nada la comprensión si no la puedo manifestar. Una vez que se manifiesta y se marca esa manifestación, logramos una comprensión integral, o lo que he llamado anteriormente, una comprensión a nivel celular que nos hace emanar esa sabiduría. La comprensión y la práctica hacen que el yo inferior y el Yo Superior se alineen. Por eso, podría decir que el fortalecimiento de la voluntad, mediante la práctica, es lo que alinea estos dos aspectos de nuestra existencia. Ilustrada esta idea se vería así:

diagrama2

Sin lugar a dudas, practicar consecutivamente hasta que se vuelva automático es lo que necesitamos para lograr esa alineación. El corazón del ego es muy terco. Desea lo suyo a su manera y no tiene la disposición para cambiar. Por eso, abrir la mente ayuda al corazón a transformarse. La mente se abre cuando comprende a niveles profundos el marco de su visión. Al notar las limitaciones generadas por el condicionamiento, empieza a ampliar sus horizontes y esto tiene un efecto sobre el corazón. Este corazón al que nos referimos no es la masa muscular en el centro del pecho, es el espacio sensorial que se mueve alrededor del corazón físico y, por eso, lo relacionamos con el corazón. La conciencia no es un órgano físico, sino un estado sensorial que se evidencia a través de las reacciones físicas. Entonces, este corazón testarudo, directamente relacionado con el ego, que tampoco es material pero que usa al cuerpo, al pensamiento y al sentimiento como medio de expresión, es el que más tiempo necesita para adaptarse a un cambio que inicia en el pensamiento. Esto lo podemos notar en las relaciones personales en que la cabeza (pensamiento) dice que no es conveniente y el corazón (sentimiento) no quiere dejar ir porque tiene la “esperanza” de que las cosas funcionen. Es, justamente, cuando el pensamiento ha logrado un análisis profundo que, a través del fortalecitmiento de la voluntad, llega al corazón para ayudarlo a transformarse y alinearse con ese pensamiento.

corazon

Trabajar con uno mismo en el eje de la alineación, o sea, la voluntad, implica un proceso de fortalecimiento interior necesario para elevarnos a la vibración del Yo Superior. Tantas veces que necesitamos rompernos en mil pedazos para descubrir una clave, un pedazo de información que sirve para caminar en el sendero del despertar del alma. Si, es complejo, pero así mismo somos los humanos y no es en vano. Solo aprendiendo a luchar con nuestra propia ilusión podremos fortalecernos internamente para llegar a la certeza del Yo Soy.

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Aquí te dejo con la entrevista realizada a Lama Geshe Tenzing.