reflexiones de un despertarHoy entrevisté, en el programa Reflexiones, a Krupzkaya Clavijo sobre la tradición Wicca. Durante el diálogo mencionó que, como parte de los rituales, se hacían meditaciones para conectarse con los elementales. Hablamos del proceso que se pasa para llegar a establecer un contacto certero. Al inicio, cuando no se tiene experiencia, se sugiere que abran su imaginación pero, con la práctica, se logra diferenciar las presencias y dejan de ser algo de una mente imaginativa. Eso me llevó a recordar algunas experiencias que, desde la mente racional con la que estaba acostumbrada a convivir, eran pura fantasía pero, al parecer no fueron. Voy a compartir contigo un par de vivencias que narré en los dos libros que he escrito: Reflexiones de un Despertar y De la Oscuridad a la Luz. Puedo empezar comentando que mi memoria habitual no es para nada buena, aun así, y como he mencionado en otros artículos, hay experiencias internas y externas que son difíciles de olvidar. Las experiencias externas no se olvidan por el impacto que tuvieron y las internas por la lucidez con las que sucedieron. Dos motivos totalmente diferentes para recordar algo. Mi viaje de relación con otras dimensiones empezó cuando era niña y sostenía, en silencio, algunas sensaciones que tenía porque me daba cuenta de que no eran la norma en el mundo material. Quizás todo empezó con el primer desdoblamiento entre los 8 y 10 años de edad. Eso de por sí marcó por siempre mi vida. No podía explicar lo que me sucedió pero me dejó muchade la oscuridad a la luz información que iría decodificando con los años. En la adolescencia tuve mucho tiempo a solas en la naturaleza y sentía con fuerza la vida en árboles, piedras, plantas. Siempre pensé que era cosa de mi imaginación. Después, alrededor de los 22 o 23 años de edad hice el primer curso de Control Mental Silva que se daba con frecuencia en Ecuador. ¡Fue maravilloso! Este tipo de cursos resonaban más con mis experiencias internas. Igual, era algo totalmente aislado del mundo habitual. Como a los 26 años, un amigo colombiano, Giovanni Ciardelli, que practicaba Cromoterapia, me dio un par de sesiones. Nunca pensé que unos slides de colores podrían afectar estados de conciencia, salud o estados de ánimo. No recuerdo sino la terapia en que me puso unos filtros de color con ciertos símbolos sagrados en el torso. Me pidió que me vaya donde quiera y yo volé fuera del Planeta. Estuve en una nave espacial, otro planeta y bueno, siempre pensé que era todo mi imaginación. Cuando mi amigo me pidió que empiece a regresar hubo una luz muy fuerte, parecía un magneto gigante que me invitaba a ir para allá. Me dio el tiempo para maestro teodoroaveriguar de qué se trataba. Fue impresionante, estaba un ser, como el mago Merlín, en este lugar. Supe enseguida que era mi Maestro. Le pedí que me diga qué debía hacer y me dijo que no estaba ahí para decirme lo que debo hacer sino que estaba ahí para guiarme. Se me cruzaron los cables mentales, siempre pensé, hasta ese momento, que los Maestros daban instrucciones de qué hacer a sus discípulos. No había tenido ningún contacto con un Maestro verdadero excepto el Maestro Yoda, de la Guerra de las Galaxias. Entonces, insistí diciéndole que si era mi Maestro, debería decirme lo que debía hacer. Él insistió en que solo podía guiarme y, de ahí, seguramente viendo mi testarudez, me dijo: “lo que te puedo decir es que estas en tu camino”. Yo me quedé de una sola pieza y no comprendía a lo que se refería porque sentía que no había encontrado lo que buscaba. Es más, ni siquiera sabía lo que estaba buscando. Solo sabía que me sentía medio vacía, incompleta. En eso regresé del viaje y le dije a mi amigo que la imaginación si que es atrevida. Me dijo que no lo subestime que, realmente, sucedió lo que experimenté. Él lo había monitoreado con su péndulo. Yo me quedé en el aire. Seguí mi camino sin sentir que estaba marchando con mayor sentido. Al poco tiempo me sucedió una de las experiencias más transformadoras de mi vida. Me fundí con el alma de otra persona durante una sesión de Terapia Respiratoria. Eso me llevó a investigar sobre sanación con las manos y terminé estudiando todo lo que ahora practico. Así que, efectivamente, aquel Maestro tenía razón. Él mismo siguió apareciendo en mi vida durante los años de estudio de curacion manosesta práctica alternativa. Cuando llegué a California mi prima, Sylvia Fielsch, había estado averiguando sobre un lugar para curación con las manos tras recibir una carta (de esas que van en aviones y que tomaban al menos 15 días en llegar a su destino) que le envié solicitando ayuda para encontrar un lugar en que pueda aprender algo sobre curación con las manos. Sin que ella conozca nada sobre el asunto, trabajando en el mundo financiero (Lotus 123) de San Francisco, el día que recibió mi carta, junto a ella, durante su almuerzo, yacía un periódico que decía: Curación con las Manos. Sorprendida lo tomó, lo leyó, fue al lugar durante unos meses hasta que yo arribé, por su sugerencia, al norte de California para estudiar. Inicié yendo a este centro psíquico en el que nos hacían trabajar sobre las personas sin toparlas, solo con energía. Una de las clases nos hicieron que nos contactemos con un maestro sanador. Cual sería mi sorpresa que apareció el mismo Maestro merlinezco que se presentó antes. Nos enviaron ejercicios para realizar con este ser desencarnado y me dejaron boquiabierta. ¿Hasta cuando puedo seguir pensando que es mi imaginación?

Sucedieron un montón de cosas con este ser. Compartiré brevemente algunas. Esto sucedió en 1991. En una de las clases nos pidieron que nos conectemos con este ser y le preguntemos su nombre. A mi no me lo dio o, simplemente, no me vino ningún nombre. Me sentí pésimo porque los demás tenían un nombre. Pensé que había hecho algo mal pero igual hice los ejercicios que nos mandaron como conversar con él o ella, llevarlo a todo lugar e interactuar como con cualquier otra persona. Me sucedieron cosas para las que no tengo explicación. Por ejemplo, siendo fanática total de la música, había llevado un montón de cassettes, ¿los recuerdas?. Yo solo  compraba Maxell o TDK cromados, o sea, la mejor calidad en cinta y la mejor marca. Una vez que ya estaba realizando este ejercicio con este maestro desencarnado, le invite para que escuche conmigo la música mientras iba a clases. Un día le puse música clásica, otro día le puse merengues. Los cassettes funcionaban perfecto. Un día, me dirigía a clases y la voz de este ser me dice: “pon esa música alegre”. Como yo pensaba que era un juego de mi imaginación no le hice caso, le dije que pondría lo que yo quería oír. Me insistió con su petición y no la atendí. Pues, ¿qué sucedió? Ninguno de los cassettes que quise escuchar funcionó en el aparato. Sólo funcionó el cassette que él quiso que yo ponga. algo imposible pues los cassettes estaban en perfecto orden. Para eso, al salir para las clases, abrí el refrigerador de mi prima ya que vivía con ella y no vi nada interesante para la cena así que me metí en la cabeza que pasaría por Burger King (años inconscientes de estudiante) comprando anillos de cebolla. Bueno, resulta que no solo me pidió que ponga otra música sino que me dijo que, al regresar, me esperaría un delicioso plato de spaghettis. Yo seguía creyendo que todo me lo estaba inventando. Fui a clases y al salir me concentré para encontrar este lugar para comprar mis anillos de cebolla. Habiendo manejado despacio y revisando cada lugar que pasaba, de pronto, me di cuenta que me había pasado. Entonces, me enojé y dije: eso si que no, yo quiero esos anillos de cebolla merliny no saldré de aquí hasta encontrarlos. Di la vuelta el carro y encontré el lugar. Pasé directo al “drive-thru” y por el citófono pedí dos órdenes de anillos de cebolla. Al continuar para pagar el hombre me cobró algo alto y le pregunté por qué y me dijo que yo había pedido 4 órdenes. Peleé un poco con el muchacho hasta que finalmente me dio solo las dos órdenes. Me predispuse a salir y, de pronto, no vi bien el camino y bajé, sin darme cuenta, por la vereda. Ese instante me quedé boquiabierta y él me dijo: “ya es hora de que empieces a creer en mi”. Se me quitó la gana de comer lo que había comprado y fui en silencio a casa de Sylvia. ¿Qué pasó después? Ya te podrás imaginar. Mi prima me recibió con un delicioso plato de spaghettis. Comí callada y totalmente sobrecogida.

Pasaría como un año, yo ya ni estaba asistiendo al centro psíquico sino al Instituto de Acupresión, había dejado esto de la curación con las manos porque encontré lo que buscaba y, una mañana, durante la meditación, de pronto apareció este ser y me dio su nombre y me dijo que ya estaba lista para saberlo. Yo ya lo había olvidado, le dejé atrás y ni siquiera volví a realizar ejercicios como los que nos enviaron en ese centro. Pero, al aparecer abruptamente con su nombre, solo salí con los ojos bien abiertos de la meditación y fui a buscar una librería para ver el significado de ese nombre, uno, que por lo cierto, no había escuchado desde que me gradué del colegio. Encontré el diccionario de nombres (en esa época no existía internet y mi computadora portátil usaba DOS ya que Windows ni existía) y al encontrar el nombre tuve que sentarme en el piso. Su nombre era Teodoro que significa regalo de Dios. Demasiadas coincidencias, ¿verdad? Estuvo presente durante toda mi estadía en California y pensé que se tiene el mismo maestro durante toda la vida pero descubrí que otros pueden aparecer. Cuando apareció el otro Maestro decidí probarlo. Un día le invité a que se siente en un sillón, aplicando las enseñanzas del centro psíquico, cerré los ojos y percibí con mis manos su presencia en el sillón. Luego, prendí una vela y le pedí que la apague si realmente estaba ahí. La apagó y yo salí corriendo del estudio, asustada. ¡Incrédula yo!

¿Cómo mismo funciona esto? Pregunta que siempre hace la mente racional. Ahora ya no pregunto tanto eso, solo quedo boquiabierta ante la magia. Sacudirle, someterle o ponerle a la mente racional en su lugar es una mega tarea. Lo único que me ha servido para ubicarle en su puesto y que funcione óptimamente en lo que hace bien es darle la importancia que merece pero no más allá de eso. Realmente, al menos para mí, la mente espiritual, si puedo llamarla así, es mil veces más grande y abarcadora. Es visionaria, precisa, expansiva, atemporal, va a lo esencial de las cosas, a lo verdadero. Esa es la que mayor importancia tiene para mi. La otra me sirve para hacer lo que estoy haciendo este instante y también es muy valiosa, pero los valores no se comparan. Realmente, no hay nada como tener la experiencia personal para que las cosas no queden como tema de locos. Tú me puedes cuestionar y sacar tus conclusiones pensando que yo misma cree lo que pasó, que fue consecuencia de una imaginación activa y lo demás. Mientras tú no tengas tus propias experiencias nada de esto será real. Esto me ha pasado y no solo esto, he narrado tantas otras experiencias en artículos anteriores, relacionados con este tema que ya no tengo la necesidad de dudar de ellas ni de pensar que otras personas tienen una respuesta que demuestra que esto es irreal. Así es, no tenemos por qué seguir dudando de nuestras experiencias inusuales. Lo que sí necesitamos es aprender a estar centrados y saber discernir. Cuando estamos gobernados por el miedo creamos muchas cosas que no son verdaderas, pero si aprendemos a estar abiertos y a ser receptivos, sin prejuicio, sin miedo, sin expectativa, se van a dar cosas que son una verdad. Es cuando metemos el miedo en la colada que las cosas empiezan a desajustarse. Las innumerables técnicas de meditación ayudan para aprender a estar abiertos, en silencio interno. A eso se llega con práctica, no hay otra manera.

jesusmisticoLa última experiencia que voy a compartir fue igualmente de lo más mágica y maravillosa. Un día estaba meditando bajo un árbol concentrada en el chakra del corazón (anahata) porque estaba preparando información para un cd que iba a lanzar sobre los chakras. Cuando entré en un estado profundo de relajación y concentración en el área del corazón pedí que cualquier ser de luz que me pueda enseñar sobre el amor se presente. No tenía expectativas de nadie en especial, solo me abrí para que cualquier ser de luz me oriente. Pues, se presentó Jesús para mi total sobrecogimiento y sorpresa. Yo no soy católica ni sigo ninguna religión excepto mis propios dictados internos. Lo último que se me ocurrió es que aparecería Jesús, en tal caso, hubiese esperado que Kuan Yin se presente o el Buda, con quienes he tenido mucha más afinidad pero, bagajes de vidas pasadas, me han tenido conectada con este ser. Es más, quizás su presencia fue más pura y clara porque no tengo un adoctrinamiento religioso que determine lo que debo pensar sobre Jesús. Entonces, se presentó y me dijo: el amor más noble y puro es la expresión de luz interior. Ese momento entendí perfectamente lo que me dijo, un gran momento de lucidez. Pero, intervino mi mente racional que no podía concebir que se me haya presentado este ser, así que le pedí una señal a manera de confirmación de su presencia. Cuando me la dio yo caí sobrecogida al piso y lloré, por lo menos, por una hora que no pude levantarme. Dudé, negué, pero la lucidez del momento ha sido más fuerte que mi insistente deseo de comprobar que fue una creación de la imaginación. Es que claro, desde pequeños nos enseñan a no confiar en nosotros mismos y eso hace que aprendamos a negarnos. ¡Que craso error! Y es un error del sistema disfuncional en que vivimos. Entonces, nos cuesta muelas regresar a esa relación valiosa con nuestro interior. ¿Qué hacer? Sentarse a meditar y contemplar el movimiento interior. Nosotros creemos que todo lo que circula en la mente se relaciona con nosotros, que es nuestra identidad. Necesitamos aprender a vernos más impersonalmente. Para tener una buena perspectiva de algo necesitamos salirnos de nosotros. ¿Cómo? ¡Práctica, práctica y más práctica! Con el pasar del tiempo, es como la gota de agua que cae en la roca, luego de mucho tiempo la rompe, la transforma. Así mismo es con nuestro esquema mental. Una vez que se aprende a verse de esta manera, que se aprende a no tomar personalmente todo lo que se cree o lo que se piensa, se puede tener una visión más amplia y clara de las cosas. Llegar a ese punto toma años, así que hay que ser paciente con un@ mism@. Cuando llegues a ese punto de ley lo sabrás.

Todos los días hay que darse tiempo para observar reacciones, sentimientos, pensamientos y cuestionarse: ¿de dónde vienes?, ¿cuál es tu historia?, ¿desde cuándo eres parte de mis creencias?, ¿qué pretendes con tu visión de las cosas? y, luego, te preguntas a ti: ¿me siento bien con esta creencia?, ¿me sirve para mejorar la situación? Y así empiezas a crear espacios en los que, lo que ha sido un hábito, empieza a ser observado y, eventualmente, transformado. Hay cosas que serán más fáciles de cambiar en poco tiempo y otras pueden tomar toda la vida. Lo importante es aprender la forma de romper con las anclas del hábito. Espero esto de suficientes pautas como para estimular esa búsqueda.

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