La primera vez que escuché con atención las palabras que dan título a este artículo fue cuando vi El Imperio Contraataca de la serie de la Guerra de las Galaxias a inicios de los años 80. En una parte de las enseñanzas, Yoda le dice a Luke que debe aprender el control. Suena sencillo pero es, quizás, una de las tareas más difíciles que podamos enfrentar. Sin lugar a dudas, la capacidad de control y la fuerza de voluntad están directamente relacionadas. Hay personas que, por ejemplo, deciden hacer una dieta y, por un tiempo, ejercen ese poder de control por medio de la fuerza de voluntad. Pero, esto suele ser pasajero y aplicado a una situación específica. Entonces, realmente no es del tipo de control al que se refiere Yoda pues, debido al tipo de entrenamiento que ofrece a Luke, se relaciona con todo un proceso de conocer quién se es sin la idea limitada del enfoque en el “self” sino en ese conocimiento esencial de saber que somos energía, en esencia, y que somos seres interdependientes. Aún así, los esfuerzos de control en cosas pequeñas, son una práctica que sirve en algo. Este proceso de conocer el control y la voluntad puede tomar muchas vidas pues no es un tema sencillo y más, si es que desde pequeños no tenemos una práctica que estimule la disciplina del contacto interior y la expansión de la mente. Por eso, sólo me puedo preguntar cómo habría sido si hubiese crecido en un monasterio oriental bajo la tutela de Maestros que orientan el camino interior. Esa es una realidad de pocos y aún así no todos los que la viven logran ese profundo entendimiento para lograr el control de uno mismo. Por eso digo que es algo que puede tomar muchas vidas y eso es natural, no es motivo para desesperarse y dejar de intentarlo pues si no se lo intenta ahora, se seguirá dando vueltas sin avanzar en el camino del despertar y no hay nada peor que eso. Cada acto pequeño de controlar al ego desatado y deseoso por hacer su voluntad sirve para irse fortaleciendo.

La segunda vez que escuché estas palabras fue cuando apareció la Virgen María en uno de mis sueños y me dijo: Tienes que aprender control”. Yo le pregunté: “¿qué quieres que controle?” Y me dijo: “control”. Le volví a preguntar: “¿sí, pero qué?” Y volvió a contestarme: “control.” Fue muy determinante en su comentario y luego de decírmelo, la tercera vez, desapareció. Para mí, realmente, no fue un sueño sino que ella se me apareció. Puede sonar a una ilusión, pero la forma en que se presentó, sin que yo sea católica ni tenga simpatía por el cristianismo, me dejó claro que era la energía de un ser de luz manifestado a través de la Virgen María. He conocido de su representación caminando en un burro hacia Belén. Pero a mi se me presentó en un buey con unos cuernos muy grandes, vestida con un manto que caía desde la cabeza. La verdad, no presté mucha atención a este detalle sino solo a lo que me dijo. Me desperté y me quedé pensando en lo que me dijo y pensé: “¿qué mismo querrá que controle?” Y como no tuve una idea clara lo dejé ahí y lo intenté olvidar. Un poco imposible cuando fue tan lúcido, pero quedó guardado en mi interior sin que yo haga mayor cosa al respecto. Esto sucedió entre el año 1999 y el 2001, dos décadas después de mi primer impacto con estas palabras. Y digo impacto porque pude haber escuchado miles de veces de mis padres, profesores, amigos y lo que sea, pero nunca con la fuerza de Yoda y la Virgen María. Pasaría un año de este encuentro con la Virgen María. Yo, literalmente, olvidada del tema. Un buen día, cuando estaba de vacaciones en la granja de una amiga a las afueras de San Francisco, California, al momento en que me estaba despertando de la noche de descanso, escuché una voz que me dijo: “¡Ahora comprendes lo que te he dicho por control!” Estaba en el estado hipnagógico, ese espacio entre sueño y vigilia. Lo escuché con tal claridad, era Ella otra vez y mientras abría los ojos me preguntaba: “¿a qué se referirá?”  Pues cuando terminé de abrir los ojos supe exactamente a lo que se refería. No entiendo cómo pasan estas cosas, solo sé que me han sucedido y que no las puedo negar. Ella se refería a que debo controlar menta, emociones y cuerpo. Cuando desperté con esta comprensión me senté en la cama un poco aturdida entre el más allá y el más acá y sintiendo que eso suena bonito pero que no tenía la menor idea de cómo lograrlo. No he vuelto a tener el regalo de su presencia. Supongo que me está dando tiempo para trabajar en el tema. La verdad me quedé tan impactada por esto y me pareció una tarea tan mega gigante que solo pude sentirme muy pequeña como para lograrlo, en esta vida, y quedé totalmente sobrecogida.

Han pasado ya 12 años desde este pedido. He podido lograr un mínimo control del pensamiento que he podido medir a través de la meditación y la capacidad para lograr silencio. En el tema emocional recién estas últimas semanas he podido hacer una evaluación tras una recapitulación de mis tendencias naturales y he notado que ya no soy tan impulsiva como he sido normalmente. Siendo sagitario, lo natural para mí ha sido decir lo que pienso y siento. Decir lo que es verdad para mí en un momento dado. Pero me tocó aprender, a través de experiencias difíciles, que hay que saber cómo, cuándo, dónde y a quién decir las cosas. Había funcionado desde el contacto con mis pensamientos y sentimientos hacia afuera, pero sin considerar lo externo a mí como parte de mí. Entonces, pensaba en cuál era el buen momento para mí creyendo que sería el momento para hacerlo. Sé que suena a egocentrismo, y sí, tiene una gran dosis de egocentrismo, pero es el estado natural de la mayoría pues nos sentimos separados de los demás y eso nos hace solo pensar en función de uno mismo. Aprender la paciencia para saber cuál es el mejor momento para decir algo, si es que se quiere llegar a otra persona, es un arte como lo es aprender a comunicarse. En cuanto al tema del cuerpo, pues, no tengo nada que decir al respecto. Ese creo que luego de todas las experiencias extra cuerpo que me han sucedido, es con el que más dificultad tengo, por el momento. No he logrado una total transformación en el tema, pero noto con claridad un avance, una diferencia que ya es notoria y, por eso, evidente para mí.

Ahora, el tema de la Virgen María no queda ahí. En el año 2006, tuve la oportunidad de ir al mundial de fútbol en Alemania y, luego de esto, hicimos un viaje, por tierra, a diferentes países. Entre esos fuimos a Francia y pasamos por Lyon. Visitamos la Basilica de Notre-Dame de Fourvière, una iglesia en el tope de un cerro desde el cual se tiene una vista espectacular de la ciudad. Fuimos visitando el interior de la iglesia y, de pronto, me topo con una Virgen María, parada sobre los cuernos de un buey que vi en el sueño. Me quedé paralizada. Ahí comprendí que representaba la Luna y todo el principio de la energía femenina. Aquí incluyo la foto que le tomé. Podía no haberlo asociado sino con la Luna y pare de contar, pero era tan idéntico a lo que vi en aquel sueño que no pude dejar de estar sorprendida. Entonces, los cuestionamientos surgieron: ¿cómo pude tener acceso a una visión con la que no tenía ningún vínculo? ¿Qué relación histórica y existencial he tenido con el cristianismo o estas figuras como la de Jesús y la Virgen María? Sé, por experiencias psíquicas, que estuve vinculada de forma cercana con la iglesia en vidas pasadas, pero hasta pensé que solo era algo de mi imaginación. Ahora tengo la certeza de que mi vinculación con esta iglesia fue muy fuerte y no por una sola vida sino algunas. Esta vez más bien la tengo muy distante, sobre todo al establecimiento de la iglesia, de cualquier iglesia, más no tengo ese distanciamiento con las enseñanzas sagradas y atemporales que vienen de forma directa y no a través de la interpretación de una biblia o evangelio.

Así que no he llegado muy lejos en estos 12 años, apenas pasitos pequeños. Por más que he dedicado mi vida a descubrir quién soy, en esencia, y cómo me expreso como una energía manifestada en materia palpable, no ha sido suficiente para logar la maestría del control en nada porque no logro llegar, no logro penetrar en el fondo, en la total comprensión de la existencia, del desprendimiento, de la verdad, del misterio, no logro salir de Maya, de la ilusión de la separación. Sé que se puede, lo que no sé es cómo descubrirlo y ahí está la delicia del viaje en la vida. Entonces, no queda más que seguir puliendo, seguir cavando en el interior, aprovechar cada experiencia para descubrir un poco más, para profundizar un poco más, para abrir la mente, descubrir los patrones que se han hecho inconscientes y que no son fáciles de detectar. Ojalá tenga la gracia de que se presenten estos seres de luz otra vez para empujarme un poco en el camino cuando me estanque o me desvíe. Debido a que sucede el rato menos pensado, solo espero estar atenta para recibir su bondad y que me sirva en este camino tan sencillamente complejo de la existencia humana.

P.D. En la meditación de hoy, sábado 1ero de diciembre, contemplamos el tema del control. Lo sostuvimos hasta ingresar en su energía y ver de qué estaba hecho o cómo funciona. La experiencia que tuve me sorprendió. Generalmente, había asociado el control con la mente, pero esta vez fue diferente. Primero, al sostener el control, lo que vi en su centro fue el vacío. Entendí que sólo en una mente serena se puede tener control puesto que no interviene el mundo personal del individuo sino el alma. Luego, me enfoque en el tema de la mente serena y me di cuenta de su función y esto es lo que me vino: “en una mente cerrada el corazón le rinde tributo al ego, en una mente abierta el corazón le rinde tributo al alma”. ¿Qué quiso decir esto en ese momento? Definitivamente existe una conexión entre pensamiento y sentimiento, entre la facultad para pensar y la facultad para sentir. Entendí que la función principal de la mente es abrirse, algo que le cuesta mucho debido al aferramiento que tenemos a la idea de quienes somos o la identidad. Generalmente, funcionamos con una mente cerrada que se enfoca en los deseos del ego. Por mucho tiempo he tratado de discernir entre el corazón del deseo y el corazón del alma, y no me había dado cuenta de que el corazón del deseo está directamente relacionado con la mente cerrada gobernada por el ego. El corazón del alma se manifiesta en una mente abierta en la que la intuición es la herramienta funcional. Ahora, ¿qué es una mente abierta? La mente abierta es, obviamente, expansiva. Es una mente sin prejuicio, una mente sin pensamiento que está presente, atenta. Durante la meditación también surgió el tema de empezar a “pensar” desde el corazón. El pensamiento del corazón no es el pensamiento racional del cerebro izquierdo, con el que más familiarizados estamos. El pensamiento del corazón es estar en el vacío. Para llegar a este vacío que esta muy presente en el ahora, la función del pensamiento al que estamos acostumbrados tiene que dejar de ser. O sea, hay que concebir el pensar de otra manera, no como el proceso de racionalizar una situación. Más bien el pensar se convierte en una acción que responde a la energía del momento. Es una reacción que està conectada con el no tiempo del tiempo. No sé si me explico, pero eso es lo que puedo compartir. A mi me ha ayudado mucho porque mientras sostenía la relación del control con la mente y la facultad del pensamiento racional, obviaba el tema de la voluntad. La voluntad se asienta en el corazón y es, como decir, la madre del control. Para acceder a esta voluntad se necesita, realmente, hacer un proceso de abrir la mente para que no tenga limitación.

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