abuelaLa vida y la muerte son dos caras de la misma moneda. La única cosa certera cuando nacemos es que moriremos. Y si vamos a morir, ¿cuál, realmente, es el sentido de la vida? Esto me he preguntado miles de veces y esa pregunta se vuelve más intensa cuando muere alguien cercano. Los impactos de las muertes de los seres que nos rodean pueden ir desde mínimo o ninguno hasta grandes sacudones que nos desarman la vida sobre la que hemos caminado. La última vez que perdí un ser entrañablemente cercano fue en 1990, cuando murió mi abuela materna. Ese día almorcé con ella, como era la costumbre y, a las 19h00, ya se había ido. Esa sensación de amortiguamiento cuando sucede algo de impacto es inevitable. Estuve junto a su cuerpo inerte un buen rato y sentí la presencia de su alma saliendo de su cuerpo. A pesar del profundo dolor por su ausencia, sentía cierta paz porque no tenía nada pendiente. Hasta el último momento le demostré mi amor por ella y lo mismo hizo ella. Supongo que cuando se vive, en amor, no se genera nada que pueda quedar pendiente. Si, en cambio, hay disgustos, conflictos, sin sabores no procesados, las cosas toman un tono amargo y se guardan como una carga.

Qué maravilla sería que todos podamos vivir en gracia divina todo el tiempo  pero eso es para pocos iluminados que tienen la capacidad de transformar cualquier emoción negativa en breves segundos. El resto de nosotros nos envolvemos en las sensaciones y sentimientos de los problemas, los conflictos que, ahora, ya no curlysolo son personales sino globales. Así que, ¿cuál es el sentido de la vida para el común de los mortales? En la película City Slickers hay una escena maravillosa y sencilla en la que Jack Palance le da una lección a Billy Crystal en la que le dice: “¿Tú sabes cuál es el secreto de la vida?” Le enseña el dedo índice y le dice: “esto”, el otro le pregunta: “¿tú dedo?” Y le contesta: “¡una cosa,  solo una cosa y, si te aferras a eso tu vida tendrá sentido!” Entonces, Billy Crystal le pregunta: “¿qué es esa cosa?” y Jack Palance le contesta: “eso es lo que tu tienes que descubrir”.  El mensaje es clarísimo y muy directo. Aunque, a ciertos niveles espirituales, el sentido de la vida es uno solo y el mismo para los que lo entienden, para quienes estamos en el viaje de la vida en un nivel promedio de comprensión de nuestra úbicación y propósito en el dial cósmico, el sentido de la vida puede resultar confuso de acuerdo a la frecuencia con la que nos cuestionemos.

Desde la perspectiva espiritual el sentido de la vida se trata de la unión con la divinidad, la iluminación, la comprensión de que todos somos uno, la realización divina en la vida diaria, el potenciar las cualidades lumínicas, el nirvana. Me gustaría alcanzar ese nivel algún rato. Todavía lo siento muy distante y me concentro en hacer lo que está a mi alcance para seguir avanzando. Mientras tanto, ¿cuál puede ser el sentido de la vida? ¿Cómo se siente que esa “cosa” a la que Jack Palance hace referencia, en esa escena, es la correcta? Cada persona nace con una vibración específica que marca las tedencias para las que ha venido. Muchas veces esa vibración es opacada, por las circunstancias de la vida, y uno cae en el hipnotismo del entrenamiento que recibió durante la niñez. Este descubrir suele surgir cuando la persona para y analiza su vida, se cuestiona, y aprende a ser más autosuficiente en sus creencias. Si logra conectarse con su corazón y seguir sus dictados estará en su camino. Eso no es fácil de lograr principito y zorropara la mayoría, justamente, porque no se enseña, en ningún lugar común, a seguir los dictados del corazón. Eso queda para lindas historias imaginativas como El Principito y la lección que le dio el zorro: solo con el corazón se ve bien, lo esencial es invisible a los ojos.”  ¡Qué frase!, sencilla, clara, muy famosa, nos toca a todos, sabemos que es cierto, pero no sabemos como lograrlo. Si viéramos de corazón a corazón no habrían tantos problemas en el Planeta, la honestdiad, la sinceridad, serían un hecho. Ver de corazón a corazón es ver de alma a alma y, evidentemente, la gran mayoría todavía tenemos mucho que esconder. Seguro que llegaremos a ese nivel, pero no llega solo, hay un camino que recorrer. La mayor parte de gente no maneja muy bien la sinceridad de otros, entonces, resulta mejor crear historias para evitar conflictos. El conflicto puede nacer de la falta de aceptar las cosas como son a más de no estar de acuerdo.

Carlos-Castaneda-y-Las-Enseñanzas-de-Don-JuanEntonces, cada uno necesita embarcarse en encontrar ese sentido de la vida porque la muerte nos está pisando los talones. En serio, sea que vivas hasta los 100 años o que vivas hasta mañana, la muerte es una verdad y cada día se acerca más. En las enseñanzas de Don Juan, Carlos Castañeda narra la manera en que los guerreros naguales aprenden a vivir con la muerte en sus narices y todo lo que eso cambia el sentido de sus vidas. Se vive con más coraje, el miedo pasa a ser secundario, hay el atrevimiento para hacer las cosas más insólitas. Imagínate, ¿cómo sería tu vida si te quitaras los miedos innecesarios de encima? He atendido a unas cuantas personas que han hecho su vida en función de los demás y, cuando se encuentran solas o a solas, no saben que hacer con su propia vida pues están vacías de sí mismas. La mayoría entra en depresión, que es una señal de desconexión de su alma, de la trascendencia de la esencia que se es. Diferencio este estado de la tristeza que es parte de la experiencia humana. La depresión es un estado de oscuridad total en mente y cuerpo, sea por deficiencias quimicas en el organismo o por un estado emocional. Hacer la vida en función de los demás sin haber llegado a la conexión esencial con uno mismo es grave. Hacer una vida de servicio a los demás, desprendido de uno mismo, después de haber logrado la unión con el alma es totalmente otra historia.

FLCPuedo compartir mi experiencia de antes del sentido de la vida y después. Cuando me gradué del colegio no tenía la menor idea qué estudiar. Mi padre un buen día me dijo: “nos vamos a Colorado, ahí estudiarás la universidad”. Yo asentí sin capacidad de tomar mis propias decisiones, tenía 17 años. Me dejaron en Fort Lewis College. Era la primera en ser dejada así que toda la familia lloraba en la despedida menos yo. No sabía por qué pero decubrí que era como el canario al que le abrieron la puerta para volar. Eso que tuve una niñez muy feliz y con mucho amor, pero, ahora era mi turno de experimentar la vida sola. No sabía qué estudiar, me inclinaba por la psicología pero tenía una responsabilidad familiar con la administración de empresas así que seguí eso como principal y psicología e idiomas como secundario. A esa edad todavía no ataba cabos. Es decir, no podía diferenciar entre lo que se siente hacer la propia vida o hacer acupressure logolo que se le ha enseñado. Mi papá nos enseñó la responsabilidad laboral desde que aprendimos a caminar, trabajamos desde llevar papeles de un lado al otro hasta llegar al mostrador en la adolescencia. Entonces, sentia esa responsabilidad con mi papá y la familia, por eso, a pesar de haber escogido psicología como la profesión preferencial, terminé cambiándola por administración. Así inició mi camino de ir atando cabos. Regresé al Ecuador a los 21 y empecé a trabajar en el mundo financiero. Me parecía interesante pero no sentía ninguna chispa prendida en mi interior. El trabajo era la responsabilidad, mi abastecimiento en el mundo de los adultos. Me gustó trabajar, generar mis propios ingresos, invertir en lo que yo quiera. Pero no me sentía satisfecha.   A los 28 tuve una experiencia mágica, aquella de fundirme con el alma de otra persona que he narrado ya en varias ocasiones. Eso y las otras experiencias místicas que había tenido, me impulsaron a arriesgarlo todo y cambiar, completamente, la dirección de mi vida. No sabía en lo que me metía, como narré en el artículo anterior, solo sabía acupressure_articleque quería aprender curación con las manos pero no tenía idea ni dónde ni el tipo de curación con las manos que sería la mejor opción. Cuando llegué a California para los estudios, lo único que sentí es que todo fluía y que encontraría lo que andaba buscando. Así fue que, en una libreria, encontré una enciclopedia de medicina alternativa. Me la leí toda hasta que encontré lo que más me interesó. Mi sorpresa fue que el Instituto de Acupresión al que hacían referencia estaba en Berkeley, muy cerca de donde vivía mi prima. Supe, sin tener ninguna duda, que eso era lo que quería, así que fui y me inscribí para la carrera terapéutica que normalmente duraba 4 años. Yo la hice en 2 1/2 años de lo fascinada que estaba. De pronto encontré un sentido totalmente diferente y totalmente satisfactorio para mi. Cuando tomé la decisión de cambiar de rumbo, mi familia no supo como reaccionar. Su deber era cuestionarme para que tome la decisión correcta y, aunque me apoyaron, no entendían cómo podía dejar una buena posición financiera por dedicarme a “dar masajes”. Finalmente, en el primer retorno de Saturno (28 a 30 años), mi vida se encamino y supe la diferencia entre trabajar por necesidad sin satisfacción interior y trabajar sin horario con plena satisfacción. Como sucede a la mayoría, no tenía idea de para qué vine al Planeta, ni en qué yo podía aportar de mejor manera. En la época en la que logré encontrar mi camino no existía el internet (años 80), al menos para el común de los mortales. Ahora, con todo lo que existe con esa herramienta, imagino que será más fácil encontrar resonancias. El punto es que sí se puede encontrar el sentido a la vida si uno pone el esfuerzo y la dedicación para investigar lo que desea hacer esa voz interior. De no tener la mínima idea de lo que se trataba pude encontrar lo que mejor calzó. Para otras personas se puede tratar de la maternidad o paternidad, ser jardinero o premio nobel de algo. Ninguna opción es mejor ni peor que otra. Lo importante es encontrar lo preciso para uno y eso solo viene con la apertura que uno se dé a uno mismo para discernir y notar lo que le llena.

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