condicionamientoLa manera en que vemos la vida es consecuencia de una programación tan condicionada que, para ampliar nuestro espectro mental o ver más ampliamente la vida, necesitamos reconocer el condicionamiento y empezar a cuestionarnos todo hasta encontrar nuestras propias respuestas. Es poco fácil reconocer algo que está tan enraizado y que, además, se observa como algo tan natural en el comportamiento de los demás que, difícilmente, sentimos que las cosas tengan que ser diferentes. Aún cuando uno realice un trabajo interior dedicado, todo llega en el momento en que la persona esté lista para romper aspectos de ese condicionamiento que le atan a un círculo vicioso. Ese momento no se puede planificar, simplemente llega. Sin embargo, el continuo observar interior nos permite estar en sintonía con los pensamientos, las emociones y los mensajes del alma que guían nuestro camino. Debido a que el condicionamiento está tan arraigado, nos comportamos asumiendo que el entrenamiento de vida que recibimos y las creencias que heredamos son nuestra identidad. Los conflictos internos que enfrentamos en la vida son un llamado muy importante para cuestionarnos y reconocer que algo no encaja y necesitamos aclararnos para lograr armonía. Si sufrimos por una creencia arraigada que tenemos, seguro que es disonante con lo que realmente somos sino que, mientras no desmenucemos esa creencia, no reconoceremos que nada tiene que ver con nuestra verdad. Ilustraré esto con un ejemplo.

condicionamiento2Cumplí medio siglo de existencia y las relaciones de pareja que he tenido las he vivido como venían, pensando que eran diferentes con cada persona. Me cuestionaba por qué había ciertas cosas que parecían repetirse, sobre todo por el tipo de relaciones que atraía. Al principio no pensaba que era cuestión mía. La segunda relación, que fue parecida en ciertos aspectos, empecé a considerar si será la otra persona o será algo en mí. Así seguía observando las cosas como se presentaban y lograba identificar algunas cosas que eran muy similares. Finalmente, comprendí que era yo la que atraía ese tipo de relaciones y que, para cambiar la tendencia, tendría que llegar al punto en mí que me hacía atraer esas personas. Décadas pasaron tratando de entender qué me impedía atraer una “relación estable”, la típica idea de una pareja hasta que la muerte nos separe, el amor verdadero y demás colección de creencias sobre el matrimonio o las relaciones que se sembraron desde pequeña. Lo interesante es que cualquier análisis que hacía, lo realizaba dentro condicionamiento4de un mismo marco de referencia. Es decir, trataba de ver la caída del sol en el horizonte desde un cuarto sin ventanas. Eso es, justamente, lo que nos pasa a la mayoría. Queremos entender una situación o a nosotros mismos, desde la misma visión que creó ese condicionamiento o identidad. Ahí no vamos a ver el atardecer, solo especularemos sobre lo que hemos escuchado al respecto. Mirar desde una nueva perspectiva implica darnos cuenta de que el cuarto sin ventanas no es lo único que existe. En ese momento, empezaremos a buscar la manera de abrir una puerta o romper una pared para salir de ahí. Mientras no reconozcamos eso seguiremos buscando respuesta a nuestras desavenencias en el mismo círculo vicioso de nuestra acostumbrada forma de pensar y de sentir. Entonces, necesitamos experiencias que rompan nuestros esquemas y nos lleven a otro nivel mas amplio y abarcador. Pequeños procesos de transformación pueden tomar años de dar vueltas en lo mismo y lo mismo hasta que, de pronto, uno se da cuenta que ya no es igual, que algo pasó y se está experimentando con una nueva visión.

Voy a compartir el proceso que viví con este ser al que me he referido como mi “flama divina” en otros artículos pues refleja ese camino de ir rompiendo el condicionamiento para encontrarse con algo más auténtico y valioso. Al poco condicionamiento8tiempo de haber entrado en contacto con él, vía E-mail, me “enamoré”. Encontré una fuerte conexión interior, gustos similares y esa fue la base de la atracción. Sin embargo, me rechazó de plano y eso hizo que sangrara una profunda herida que había cargado desde pequeña: el rechazo por ser diferente (más alta, más fuerte, más ancha que el promedio con la etiqueta de “gorda”). Aún cuando dijo que no era por ese motivo, su formalismo y etiqueta, el valor de la apariencia y apego a su educación me señalaron lo contrario. Caí enferma y por 3 meses no pude moverme. El dolor físico era tan grande que no tenía energía para enfrentar el dolor emocional. No fue sino hasta enfrentar el tema emocional que pude sanar.  De ahí en adelante estaría muy vulnerable a sus palabras que, con frecuencia, volvían a topar mis carencias y sensibilidades. Si mantuve la relación fue por todo lo que sucedía entre su alma y la mía. La relación espiritual no tenía absolutamente nada que ver con la relación personal. Entonces, en medio de las continuas rupturas había un extraño condicionamiento7magnetismo que nos volvía a unir. Las cosas fueron más difíciles y dolorosas cuando me confesó que creía estar enamorado de una chica de su pasado con la que se reencontró por los medios sociales. Mi corazón parecía solo bombear dolor en esta relación. Era tan tóxica que no cabía en mi mente cómo podía seguir en eso. Había algo que simplemente impedía que se acabe del todo. Cada que peleábamos nos separaba uno o dos meses pero de ahí un empuje del cielo nos volvía a reunir. No sabía qué hacer con mis emociones. Simplemente dolía su rechazo, dolía que no se acuerde de mí, que no sepa quien soy para él. ¡Dolía todo! A ratos tuve experiencias de otra dimensión que me fueron señalando el camino. Él me generaba el dolor emocional y mi alma me daba dosis de aliento para ir despertando. El constante cuestionamiento sobre el hábito emocional y estas dosis de aliento me llevaron a romper, poco a poco, las creencias que tenía sobre las relaciones. Pasaron años de repetir el círculo del dolor. Yo no pensaba tanto, en un principio, en como salir del dolor, más bien, pensaba en como salir de la relación porque atribuía el problema a la interacción llena de toxicidad. Como ha sido la costumbre, y lo es para la mayoría, buscaba la responsabilidad del sufrimiento afuera de mí. “Él me hiere”, “él me rechaza”, “él no me quiere”, “él me dice cosas hirientes”. Entonces, buscaba escapar de él pero no sería tan posible. Yo daba vueltas en mi corazón herido sin poder entender que estaba sumergida un hábito social aprendido, en un “cuento de hadas” con el que crecí sobre las relaciones. A condicionamiento1propósito de esto, ¿te has dado cuenta de que estos cuentos de hadas siempre terminan en el final feliz que reúne a la pareja? Eso se grabó, de manera inconsciente, en nuestra psique y ha influido nuestra idea sobre las relaciones ideales. Aunque ahora ha cambiado un poco, para las personas de mi generación no existió un “después de” para conocer que las relaciones tienen que enfrentar muchas dificultades. Lo que más me gustaría resaltar sobre esto es que nos acostumbramos, masivamente, a buscar un tipo de relación basado en cosas que no podemos ni practicar, por ejemplo: el amor verdadero o amor incondicional. Ni siquiera sabemos lo que eso es y peor pensar que solo hay un amor verdadero cuando, por naturaleza, los humanos no somos monogámicos y podemos tener un sentimiento de “amor” por varias personas. Eso es solo porque estamos buscando ese amor en la dimensión equivocada. No se puede lograr en la tercera dimensión, exclusivamente, pues ese tipo de amor sucede en dimensiones superiores. Tenemos la semilla de esa realización, internamente, por eso lo sentimos pero, lograrlo, implica llegar a esa dimensión y estar alineados con las dimensiones inferiores para que se pueda manifestar.

condicionalmento12Para salir de este hábito emocional enraizado tuve que conocer que existían otras posibilidades. Él ha sido el estímulo y las dos almas las catalizadoras de esa “información”. En un principio llegó de manera sutil y abstracta con sensaciones que necesité procesar. Parecía utópico lo que recibía, algo ideal a nivel espiritual pero no factible a nivel personal. Entre esa información y el hábito emocional había una tremenda brecha. Darme cuenta de que lo que se me estaba exigiendo era que busque la manera de integrar esa información espiritual en el diario vivir, de por sí, fue todo un proceso con varios sacudones.  ¿Cómo lo hago? ¿Cómo supero el dolor, el hábito emocional? ¿Cómo logro la alineación con esa información?  Es que es algo tan interno y abstracto que parecería imposible de manifestar pero había que encontrar la manera. Considero que lo que más me ha ayudado a lograr una integración inicial, ha sido recordar y procesar las experiencias místicas sobre este “amor incondicional”, especialmente, cada vez que caía en el hábito emocional. Eso me fue llevando a la aceptación de las cosas y me fue liberando del sufrimiento. ¡Qué difícil fue dejar ir el deseo más profundo de unirme con él! Los celos desaparecieron cuando la fuerza de la información fue más grande que el sentimiento mundano. La frustración de que desee y quiera a otra persona se fue al recordar todo el amor que su alma me brinda, así sea inconsciente para él. Imagino, en este punto, que muchos lectores pensarán que esto de las experiencias “místicas” no sucede a todo el condicionalmeinto13mundo y eso ha facilitado mi entendimiento de la lección que ha traído este encuentro. Solo puedo decir que hay que trabajar en la apertura y el desarrollo de la sensibilidad para poder estar abiertos y lograr percibir lo que nuestra alma nos ofrece. Todos tenemos el potencial para abrirnos a otras dimensiones. En mi caso ha venido a través de canciones, sueños, visiones, meditaciones, tórtolas, rinocerontes, y más expresiones del mundo sutil que están para quien las quiere ver.

Reconocer que el proceso de transformación toma muchos años me ha ayudado para aceptar que, en esta vida, muy posiblemente, él no recordará quién soy. Eso me ha ayudado a permitir que fluya en mi el desapego y me ha dado la libertad para cultivar otras relaciones afectivas. Todavía siento, a veces, la esperanza, el deseo de que las cosas cambien incluido él y el miedo que esto no sea real pero, a diferencia del pasado que me consumía en el dolor, la ansiedad y la frustración, ahora regreso a ese corazón en amor y siento que es lo natural, lo verdadero y ya no sufro. ¡Vaya sendero que he recorrido para que esto tenga un sentido y se integre a mi vida cotidiana! Salir de mi condicionamiento, de ese cuarto sin ventanas, para reconocer que la manera en que manejaba las relaciones, las expectativas que tenía y todo lo demás ha sido consecuencia de un aprendizaje, me costó muelas identificar. ¿Cómo será con todo lo demás? ¿Puedes imaginar en qué deja eso a la “identidad” con la que nos reconocemos como “yo”? Por eso, este es un proceso lento que hay que ir impulsando en la medida de la capacidad para estar centrados, aprendiendo a discernir, teniendo paciencia con uno mismo, siendo gentiles con nuestros errores, observando todo lo que hacemos, decimos, sentimos, y luego desmenuzándolo para poder identificar si se relaciona con nuestra esencia original o si es consecuencia de ese entrenamiento social. Finalmente, hay que confiar que nuestra alma puede empujarnos a los límites y que siempre nos dará aquello que estemos listos para enfrentar. El amor incondicional es paz, libertad y ahora entiendo, realmente, a los maestros que han dicho que donde hay amor no hay miedo. El eje del amor personal es el yo y sus necesidades, en el amor incondicional ese yo se diluye y florece el nosotros, un nosotros que se va extendiendo más allá de la pareja. No dejes de buscar el camino hacia el amor incondicional porque es el camino de regreso a casa. 

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