Desde hace mucho tiempo he tenido la sensación de que sé quién soy y he fluido con esa experiencia. Sin embargo, el otro día que asistía a unas clases de branding, nos hicieron esta pregunta: ¿quién soy? y me quedé atónita sin poder responder algo puntual. Toda la aireada idea que sostenía sobre saber quién soy, por un momento, se fue al piso y fue bueno porque me devolvió un sentido de humildad. Hace mucho tiempo que no me hacían esa pregunta. En muchas meditaciones me conectaba con esa noción del ser que soy y nunca necesité ponerle palabras a una experiencia que no puede ser encasillada. Sin embargo, para desarrollar ese concepto de branding tenía que poner palabras a ese “quién soy” para identificar qué y cómo las “marcas” se van a presentar a los demás. Confieso que este curso me generó mucho estrés porque, aunque hace eónes estudié administración de empresas, mi vida tomó un giro tan fuerte que me he olvidado de ese mundo empresarial y la presión en la que se vive. No me había sentado en un pupitre desde que me gradué de la universidad. De ahí en adelante, cuando continué mis estudios, todo fue o en el piso o sobre camillas así que solo de ver el pupitre entre en “culture shock” (shock de cultura). En tal caso, esta experiencia me llevó a considerar la diferencia entre el quién soy y el qué soy en la meditación que hacemos los sábados con un grupo de personas. La verdad es que tenía la intención de considerar solo el quién soy, pero al ingresar adentro siempre hay sorpresas y así surgió el qué soy. Los resultados fueron interesantes y eso es lo que comparto en el video. Puedes dejar tus comentarios o preguntas a continuación y te invito para que te suscribas en el blog y también en el canal de youtube puesto que no muy seguido publico videos, en vez de artículos, en este blog. También nos puedes seguir en nuestro facebook y twitter

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