Cuando iniciamos una relación no podemos saber la forma que tomará. Nos entusiasmamos con el intercambio y la atracción de las energías y, de pronto, generamos una reacción química que nos amortigua la capacidad para ver las cosas como son. Nos embobamos y lo llamamos enamoramiento. Una vez enganchados inicia la historia de esa relación. Por motivos que no se pueden precisar, para cada caso, muchas relaciones, sean personales, íntimas, familiares, amistosas o laborales, caen en un círculo de maltrato del que suele ser muy difícil salir y haré un pequeño análisis al respecto.

maltrato laboralEl intercambio entre 2 personas genera un tipo de energía a la cual responden las mismas. En función de cómo vaya desarrollándose ese intercambio se va creando la dinámica de la relación. Hay muchas circunstancias que nos llevan a someter o a ser sometidos y, la manifestación de poder, hace que las relaciones generen puntos frágiles que reflejan el estado interior de los participantes. Esta es la parte que solemos obviar. Sí, no somos víctimas sino creadores de nuestra realidad y vaya que eso resulta difícil comprender. Si bien las relaciones que más afectan y más daño hacen son las del núcleo familiar o las relaciones íntimas, también nos vemos afectados, profundamente, por las malas relaciones fuera de estos círculos. Veamos algunos casos. Por necesidad económica, la persona “X” busca un trabajo, el que sea. Es contratada para un trabajo cuya jefatura es muy dura. La necesidad lleva a la aceptación de este trabajo y la persona se somete a la dureza y maltrato de su jefatura por miedo a perder ese trabajo. Padece amenazas, se siente utilizada, sin respeto, sin apreciación. Su autoestima va bajando cada vez y eso hace que se someta más y más. Tiene miedo, llora en silencio, comparte algo con otros compañeros igualmente sometidos y se siente sin poder para hacer algo porque la jefatura tiene el apoyo de los superiores. Este empleado se envuelve en un capullo y en un círculo de maltrato, consecuencia de una necesidad. El rato que entró en el círculo, se acostumbró a su situación y, aunque todos los días piense que quiere salir de ese entorno, no puede porque se ve debilitado. Está totalmente pisado por su situación y es una persona infeliz en el ámbito laboral y personal pues, difícilmente, esto no afectará en su vida personal.

Otro caso lo vemos en las relaciones familiares, un padre castrante o una madre insensible. El maltrato puede ser físico, mental y emocional. ¿Qué sucede con esos hijos? La mayoría son niños inseguros, que sienten una poca valía. Crecen condicionados a sentir que no valen para nada, bloquean su capacidad para sentir porque necesitan sobrevivir y se vuelven témpanos de hielo confundidos. Algunos encuentran un camino de sanación y la mayoría hacen su vida afectando a otros tal como aprendieron. Si bien todos los casos de maltrato son complicados, quizás este es el más difícil de salir porque el hábito está tan arraigado en el inconsciente que, hacerlo consciente para cambiar, requiere un valor inmenso para enfrentar todas las heridas guardadas. Aún así, nada es gratuito. Cuando entendemos la ley del karma vamos comprendiendo que todo es consecuencia de actos previos y, aunque nos cueste aceptarlo, la vida que tenemos es una respuesta a actos anteriores y cargamos las maltrato niñoconsecuencias de lo que hicimos aún en vidas anteriores. Esto se vuelve complicado porque el origen de una experiencia puede estar tan refundida en el inconsciente que no podemos entender por qué, siendo buenas personas, nos pasa cosas incomprensibles una y otra vez. Pero, no importa que sea algo generado en otra vida, lo que sucede ahora, visto en esa luz o en cualquier otra luz, es suficiente para enmendar nuestra psicología. Necesitamos trabajar con nosotros mismos hasta llegar al origen de la circunstancia. Esto no implica, necesariamente, recordar lo que se hizo en vidas pasadas, más bien implica llegar a la esencia de la formación de la energía en la que estamos dando vueltas interminables. Ahí, solo ahí, podremos hacer un cambio substancial y esto puede tomar más de una vida. Es que, las creencias que asumimos en nuestra vida son consecuencia de un condicionamiento que atraemos con el magneto de nuestra acumulación de actos. Esto hace que generemos el mismo tipo de experiencias que no son evidentes para nosotros y de las que nos sentimos, más bien, víctimas en vez de gestores.

Ahora, en las relaciones de pareja, uno de los típicos casos es el sometimiento por la dependencia económica. Esto era más evidente en generaciones anteriores pero todavía es un factor determinante en muchas relaciones modernas. Debido a esta dependencia económica, muchas mujeres (suele ser el caso) reciben maltrato emocional porque se ven perdidas. Hay hijos de por medio y no se sienten capaces de salir adelante, por si solas, con sus hijos. Es más, muchas veces no sienten que pueden aún si no hubiese hijos. La idea de encontrar “un hombre que me mantenga” es más versada en la comunidad femenina y es consecuencia de un sistema ancestral en que, los hombres, han sido los proveedores del hogar.

maltrato verbalAhora, siendo circunstancias muy comprensibles, hay una serie de factores que se entremezclan, algunas de los cuales son totalmente nuestra responsabilidad. Cuando ya se instala el estilo del intercambio, se vuelve un hábito del que es poco fácil salir pues la continuidad del comportamiento enraíza el hábito y lo hace instintivo o automático. Si vemos con discernimiento y atención afilada nos daremos cuenta de que se ha mezclado, en una misma fuente, la baja autoestima, la pereza, la ignorancia y la falta de voluntad. Es una mezcla para mantener hundido a cualquiera. Para tener la fuerza de voluntad, para salir de este círculo, necesitamos una buena autoestima y ésta necesita la disciplina del trabajo con uno mismo para lograr el fortalecimiento. La pereza es subyacente, está amortiguada por el sometimiento y a baja autoestima. Quizás ni lo veamos como pereza sino como una angustiosa situación sin salida pero no hay tal. En esta percepción está camuflada la pereza, pereza de asumir la responsabilidad de la propia vida. Detrás de la pereza está la ignorancia. Entiendo que es un término muy fuerte para muchos porque está asociada con una “falta de educación”. Pero la ignorancia es mucho más que eso. En este sentido, ignorancia es estar dominada por la oscuridad o la falta de comprensión de la energía que mueve las circunstancias y los comportamientos. El comportamiento manifestado es solo la consecuencia de creencias profundamente enraizadas en la psique. Esas creencias son una mezcla del condicionamiento y el karma, como mencione antes. Para ver esto necesitamos vernos impersonalmente, saliendo de nuestro propio círculo energético, y ser objetivos, sin emociones cargadas, sobre lo que observamos. ¿Es esto posible? Sí, pero requiere un gran entrenamiento. Esto es lo que la mayoría no está dispuesto hacer: el entrenamiento y la disciplina interior. La pereza y la ignorancia pueden ir de la mano tanto como no. La pereza es conformarse con la situación y no buscar el fortalecimiento para salir adelante. La ignorancia suele estar tan profundamente arraigada que, aunque uno se dedique con disciplina en la labor del auto-descubrimiento, tendrá muchas experiencias que traerán sufrimiento hasta lograr una visión más clara del origen de la experiencia.

Entonces, sea cual sea el círculo de maltrato, necesitamos iniciar por fortalecer la autoestima. Es más, esta situación puede surgir en nuestra vida porque es la mejor manera para encontrar el camino del fortalecimiento interior y el desarrollo de la voluntad. No es para nada fácil y eso es lo que nos obliga a buscar en nosotros una solución. Sin embargo, mientras busquemos la solución fuera de nosotros, simplemente perpetuaremos la condición. No hay otro lugar para la solución que en nuestro propio interior. No hay vueltas que dar. Ahora, hay que recordar ser gentil con uno mismo en el camino. Es parte de lo que se necesita para el fortalecimiento.

Hay un punto sensible que quisiera topar que he podido observar en muchos casos, incluido el mío. Este proceso se va desarrollando por etapas, cada una con sus propios retos. Cuando uno está listo para el “paso final” o el “paso determinante” también viene cargado de una prueba, como un examen final que es el más difícil de todos pero que si lo pasamos, sabremos que estamos listos para seguir adelante. Simplemente no es fácil salir de estos círculos. Se vuelven viciosos, adictivos, habituales o como lo quieras ver. Para ilustrar maltrato1el punto que quiero hacer notar compartiré lo que me sucedió. Estuve envuelta en una relación tenazmente tóxica por 6 años. Luego del enganche inicial él tenía una facilidad para maltratarme, emocionalmente, a tal punto que enfermé varias veces. Reconocía el maltrato, intenté muchas veces separarme pero mi enganche venía de las inmensas experiencias místicas que sucedían mientras estuve en esa relación. Era tan fuerte la conexión de almas, que me traía tantas experiencias sorprendentes a niveles internos y que, a pesar del maltrato emocional, no quería dejarlo ir por lo que me traía a otro nivel. Eso me llevaba a aceptar su manipulación emocional, aceptaba sentirme como un pedazo de “nada” para él con tal de seguir recibiendo el aporte a nivel espiritual. En artículos antiguos he narrado algunas de las fantásticas experiencias que viví. Yo estaba totalmente vulnerable, sin piel. Sin duda, existe un karma muy fuerte entre él y yo. No tenía la fuerza para resolver este asunto. Es más, hasta logré una increíble experiencia de amor incondicional. No podía entender cómo, a nivel interno, exista algo tan fuerte y cargado de tantas lecciones y, a nivel personal, era una relación desastrosa. Me daba cuenta de eso y quería comprender el origen de tanta disfunción, de tanta desconexión entre lo “álmico” y lo “egóico” o entre la conexión de almas y la conexión personal. En medio de toda la confusión, de todas las experiencias intensas, no quería ver lo que sucedía como una extensión del maltrato que yo me propiciaba a mi misma. Su maltrato hacia mi, era el propio maltrato que yo me daba a mi misma y que lo veía como un agente externo a mi y no un reflejo, una proyección de mi propio maltrato. Yo reaccionaba con un maltrato hacia él también, con palabras muy duras. Rompíamos la relación, al menos, unas 5 veces por año y volvíamos al contacto. ¡Vaya vicio! Yo decía: “nunca más, ya me cansé, no lo soporto” y volvía. Ya nadie me creía cuando decía que acabó. Yo no estaba fortalecida internamente, dividida entre alma y cuerpo, entre palabras y actos, volvía al círculo del maltrato una y otra vez. Cada vez con menos resistencia al maltrato, pero ahí seguía. Cuando, finalmente, me agoté y cerré las puertas sentí sentimientos mezclados. Por un lado, el alivio de la victoria sobre mi propia confusión y debilidad. Por otro lado, una profunda tristeza de que esto no se haya resuelto de ambos lados. No podía creer que ese amor que sentía por ese “él” con el que me contacté, esa “alma” o la idea de “él” que yo me cree, pueda seguir ahí después de tanta mentira, tanta manipulación y maltrato emocional. Ahora vendría la prueba final. Al inicio de la decisión sentí la fuerza de esa voluntad, la claridad de la decisión y el alivio del fin. Pero, después de unas semanas lo extrañaba increíblemente. A ratos me vino hasta el deseo de escribirle. Claro, estaba programada de esa manera después de 6 años de romper y volver, romper y volver. Ahora, la añoranza sería aún más fuerte porque la parte de mi que se había fortalecido no me iba a dejar volver a caer en la misma rutina de siempre, entonces, ese sentimiento de añoranza sería más fuerte porque sabía que había ese fortalecimiento interior. Así de fuerte es la lucha interna a sabiendas de lo tóxico que era esto. Pero, así mismo es el proceso, sólo uno puede saber cuando llega el momento de cortar definitivamente. Hay un cambio de energía interna que ya no está gobernada por la debilidad y, la vulnerabilidad, se convirtió en la fortaleza misma. El desgarre de la desconexión que vendría después de la decisión definitiva fue muy angustioso. No sé qué sucedió en el otro lado de la conexión pero sentí algo muy parecido a la vez que murió mi abuela materna, con la que tuve una conexión interna muy fuerte y una relación maravillosa. Cuando ella murió estuve tranquila junto a su cuerpo porque no tuvimos nada pendiente, el amor fue expresado cada día y en cada cosa que nos dimos. Como a la semana de su muerte, dos de sus hijos y yo sentimos esta sensación de desgarre en el corazón. Ella se despedía de nosotros y sentimos que fue el día que ella dejó de estar, energéticamente, en el mismo plano que nosotros. Fue un dolor impresionante en el pecho, como si algo que estaba conectado, que era parte de mi, se desprendía. Sí, muy doloroso y muy revelador. Pues, esta ha sido la segunda vez que he sentido algo parecido. La conexión que se mantiene, aunque ya no haya comunicación, sigue impactando nuestras vidas hasta que no se desenganche. La conexión puede mantenerse a otros niveles por mucho motivos, pero en el plano de la existencia aquí, necesita ese desenganche para liberar el mutuo efecto. No sé si eso se pueda hacer en un 100%, no he logrado esa claridad y me refiero a los múltiples planos de conexión. Pero sé que debe haber el desprendimiento para que se resuelva la dinámica presente en esta realidad.

liberacionA cada quien le llega el desprendimiento en su propio momento y de acuerdo al trabajo que realice. La cabeza podrá saber que no es algo bueno, pero mientras el cegado corazón mantenga la mínima esperanza, no se podrá salir del enganche. Lo he visto en todas las personas que han pasado por algo similar. Aún cuando sea evidente y claro para los demás, mientras no exista la resolución interna no se podrá salir de estas relaciones que generan los círculos del maltrato. Gran parte de la resolución es darse cuenta de que la situación es una proyección de algo en uno mismo que representa lo que uno se da a sí mismo. Así que si tu estás en alguna situación parecida, es importante que sepas que existe otro camino, que hay opciones para vivir mejor. Eso te lo necesitas dar a ti mismo, fortaleciéndote internamente hasta que puedas pasar la prueba final. Si desmayas en el camino, vuelve a levantarte tantas veces como caigas, en alguna de esas caídas, despertarás! Y considera lo que Pema Chödron comentó: “¿prefieres crecer y relacionarte con la vida de forma directa, o prefieres y escoges vivir y morir en el miedo?”

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