Si bien los humanos somos seres de hábito y bien nos podemos acostumbrar a la dinámica de una relación, sea buena o mala, es más bien fácil perderse cuando se trata de sostener y mantener una relación en el tiempo. Por eso, es más que saludable darse espacios y tiempo a solas sin esperar que llegue el estímulo de un conflicto para buscar la distancia y la contemplación. Aún si la relación es buena y fluida darse tiempo para uno es necesario para evaluar, re-evaluar, hacer contacto con uno mismo y considerar la dirección que está tomando la vida.

Es muy fácil sumergirse en la dinámica de una relación y perderse de uno mismo. Hay miles de motivos por los que las personas se encuentran y forman dinámicas íntimas. La tendencia general es que en las relaciones más cercanas uno se deja ver en todos sus lados, los oscuros y los de luz. Las personas suelen liberarse de algunas máscaras cuando están con esa persona “íntima” en sus vidas y, por ende, se cree que es natural descargar toda la basura que uno lleva en esa persona cercana. Pregunta: ¿Es eso justo? Más bien, ¿la persona más cercana no es acaso aquella a la que mejor trato debemos dar la mayor parte del tiempo y, aceptando que todos tenemos altos y bajos, que sean menores los momentos de explosión y de cargar a la otra persona con nuestra basura? Aunque tu respuesta sea sí, no es eso lo que la mayor parte de gente hace. En las relaciones íntimas se mezclan tantas cosas que no medimos las consecuencias de la agresividad momentánea, la hostilidad, el mal genio, la falta de auto-conciencia, la inhabilidad para pedir perdón y la carga en la que nos podemos convertir para otras personas por abusar de la noción de “intimidad” y de que con esta persona puedo ser, irresponsablemente, “tal como soy”.

Es importante ser como uno es, sin lugar a dudas pero, ¿quién mismo sabe todo sobre sí mismo? La vida es una oportunidad para descubrir, en el camino, los potenciales y las limitaciones, para hacer contacto con nuestra multidimensionalidad y el ser interior tan espectacular que, sin duda, todos somos. La incertidumbre del caminar matizada por el condicionamiento puede generar muchas reacciones adversas y estimular más nuestro lado oscuro e inevitable. Recordemos que esa oscuridad es necesaria para despertar la luz en nosotros así que no hay que verle como aquello que hay que evitar sino más bien, aquello en lo que necesitamos trabajar internamente para poder ver nacer la luz de esa semilla. En las relaciones, por ende, siempre existirá la dinámica de la luz y la oscuridad. En la medida en que uno es más consciente de uno mismo, menos aportará en la relación con su lado oscuro y más brotará la luz. Entonces, para tener mejores relaciones, es indispensable que trabajemos en nuestra propia auto-conciencia. En reconocer nuestros lados oscuros y nuestra luz y aceptar las dos por igual. Al trabajar con nosotros de esta manera se vuelve más fácil aceptar los aspectos oscuros de nuestros compañeros de camino. Para poder ser más conscientes de nosotros mismos, necesitamos ese tiempo a solas, ese espacio en medio de la relación para poder contemplar y evaluar.

Aquí te dejo un video con información adicional que espero aporte en tu contemplación sobre este tema. Te invito a que te suscribas al boletín de blog para que recibas una notificación cuando subamos un nuevo tema y también suscríbete a nuestro canal de youtube. Tus comentarios o preguntas los puedes dejar en el espacio a continuación.

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