victor sanchez¿Qué es la importancia personal y cómo nos afecta? Victor Sánchez, en su libro “Las Enseñanzas de Don Carlos” dice lo siguiente: “La importancia personal consume mas del 90% de nuestra energía sin aportar ningún resultado como no sea enfermedad, soledad, debilidad y, en general, mala calidad de vida. Gran parte de nuestra energía la ocupamos en actividades relacionadas con la importancia personal que es mucho más que lo que conocemos como vanidad. La importancia personal es la forma particular en que nuestro ego arma y maneja la realidad para tratar de auto-afirmarse y convencerse de que es real. La forma más abarcadora es la defensa del ego. Considerémoslo seriamente, ¿cuánta energía gastamos en defendernos, en cuidar la imagen, en tratar de influir en la opinión que los demás tienen de nosotros, en tratar de ser aceptados, en defendernos cuando se nos critica, en tratar de demostrar que somos los mejores o en demostrar lo contrario? Vivimos encadenados al reflejo de uno mismo que tratamos de proyectar hacia los demás. Erradicar o disminuir la importancia personal se torna en uno de los objetivos fundamentales de todos los guerreros espirituales.”

Por su parte, Don Miguel Ruíz, en su libro “Los Cuatro Acurdos” nos recuerda que: “Te lo tomas personalmente porque estás de acuerdo con cualquier cosa que se diga. Y tan pronto como estás de acuerdo, el veneno te recorre y te encuentras atrapado en el sueño del Infierno. El motivo de que estés  atrapado  es lo que miguel ruizllamamos  «la importancia  personal».  La importancia  personal,  o el tomarse  las cosas personalmente,  es la expresión  máxima del egoísmo,  porque consideramos  que todo gira a nuestro alrededor… Nada de lo que los demás hacen es por ti. Lo hacen por ellos mismos. Todos vivimos en nuestro propio sueño, en nuestra propia mente; los demás están en un mundo completamente distinto de aquel en que vive cada uno de nosotros. Cuando nos tomamos personalmente lo que alguien nos dice, suponemos que sabe lo que hay en nuestro mundo e intentamos imponérselo por encima del suyo. Incluso cuando una situación parece muy personal, por ejemplo cuando alguien te insulta directamente, eso no tiene  nada  que  ver contigo.  Lo que  esa persona  dice,  lo que  hace  y las opiniones  que  expresa responden  a los  acuerdos  que  ha  establecido  en  su  propia  mente.  Su  punto  de  vista  surge  de  toda  la programación que recibió durante su domesticación.”

Los conceptos sobre la importancia personal están claros pero, ¿qué podemos hacer para manejar este asunto en nuestras vidas? Primero observemos, a nivel mundial, los efectos que han tenido estas manifestaciones de importancia personal. Países o mega empresas con ínfulas de prepotencia que envían a los hombres de negro a vigilar a los ciudadanos que no aprueben sus fechorías. Presidentes sarcásticos que, con tal de imponer su voluntad, friegan a todo un país. Guerras por conveniencias económicas, guerras de creencias que pretenden confirmar que una, por ejemplo, religión, es superior a cualquier otra. Todo esto es los cuatro acuerdosego, o lo que aquí lo estamos exponiendo como “la importancia personal”. Si observamos esto, a nivel global, y sentimos que algo no cuadra, que eso no está bien, entonces, necesitamos vernos a nosotros mismos porque lo que mueve a la mayoría de humanos es su ego. Nos aferramos, no solo a una identidad personal, sino a creencias como si fueran la última verdad y generamos, por ende, disputas. Por ejemplo, hay gente que quiere creer de una manera fija en la reencarnación a pesar de que no sabe qué sucede con la “conciencia” o la energía que se desprende del ser físico al morir. Queremos creer que, de alguna manera, ese ser que somos hoy, va a volver, en otro cuerpo, y se va a encontrar con sus seres queridos. Pero, no sabemos como funciona la magia de la muerte, ni siquiera entendemos muy bien la vida. Es verdad que tenemos una sabiduría interna pero, generalmente, la estamos mal interpretando porque la queremos comprender desde el ojo del ego, no desde lo que es. ¿Qué tal si esa energía que somos hoy, al morir, se difumina en la sopa cuántica del universo que, por resonancia, se dispersa por lugares diferentes y, luego, por resonancia, cada parte se congrega para una nueva encarnación? Esto haría que lo que creemos que somos hoy, no vuelva a juntarse otra vez con sus mismos “pedazos” dispersados sino que se cree una nueva energía que reúna, por resonancia, energías cósmicas del vacío. No estoy diciendo que esto sea verdad sino que es una suposición que se puede considerar dentro de las miles de posibilidades que puedan haber sobre la existencia, en energía, después de esta vida. Los cuestionamientos y la mente abierta nos lleven a indagar mejor en nuestro interior. Ojalá, algún  momento, podamos llegar a esa fuente de sabiduría interior que no está gobernado por la importancia personal. Seguro que se puede, pero, como con todo, requiere un trabajo de refinamiento, un auto-entrenamiento de despojo y desprendimiento de la identidad que no es para nada fácil. Pero vuelvo a una cosa: hemos visto de lo que el ser humano es capaz. Podemos destruirlo todo y tenemos una maravillosa capacidad para construir. Podemos ser el lado más oscuro y corrupto como el lado más noble, bondadoso y compasivo. Admiramos a personas como la Madre Teresa, el Dalai Lama, Gandhi, Krishnamurti. Nos inspiramos en las palabras de Martin Luther King Jr., Nelson Mandela, José Mujica, etc. Repudiamos personajes como Hitler, Mussolini, Pinochet y tantos otros que han liderado matanzas masivas. Esto señala hacia donde necesitamos dirigir nuestros ojos y nuestro propósito. Pero, el ego puede más porque le dejamos. Claro, se requiere de una fuerza de voluntad muy grande y de esa resonancia especial para despertar, para dejar de sostener las lindas ideas que vemos a otros realizar y empezar hacerlo nosotros mismos. Si no, ¿qué sentido puede tener identificarse con las cosas buenas de estos personajes? No es para nada fácil hacerlo pero tampoco es imposible. Hay que encaminarse en el sendero que nos lleve a la expresión de lo que admiramos en otros.

conocimiento silenciosoComo lo menciona Víctor Sánchez en su libro:  “Uno de los desgastes más insidiosos es causado por nuestra constante presentación y defensa del yo. Y es que, al adquirir disfraces cada vez más sofisticados, nuestra sensación de ser importantes se esconde tras sentimientos aparentemente inocuos, como el tenerse lástima… Somos como pájaros atrofiados. Nacimos con todo lo necesario para volar y, sin embargo, estamos permanentemente obligados a dar vueltas en torno a nuestro yo. El grillete que nos doblega es la importancia personal… El camino para convertir a un ser humano común y corriente en un guerrero* es muy arduo (*guerrero: quien vive en permanente estado de guerra, siendo el enemigo la idea del yo). Siempre se interpone nuestra sensación de estar en el centro de todo, de ser necesarios y tener la última palabra. Nos creemos importantes. Y cuando uno es importante, cualquier intento de cambio se torna un proceso lento, complicado y doloroso”. Continúa con párrafos como este: “Para cuando el niño se vuelve un ser social, ha adquirido una falsa convicción de su propia importancia, y lo que en un principio era un sentimiento sano de auto preservación, termina transformándose en un reclamo ególatra de atención… De todos los regalos que hemos recibido, la importancia personal es el más cruel. Convierte a una criatura mágica y llena de vida en un pobre diablo pedante y sin gracia… Por causa de nuestra importancia, estamos repletos hasta los bordes de rencores, envidias y frustraciones, nos dejamos guiar por los sentimientos de complacencia y huimos de la tarea de conocernos a nosotros mismos con pretextos como ‘me da flojera’ o ‘¡que cansado!’. Detrás de todo eso hay un desasosiego que intentamos acallar con un diálogo interno cada vez más denso y menos natural”… Ordinariamente, la importancia personal se alimenta de nuestros sentimientos, que pueden ir desde el deseo de caer bien y ser aceptados por los demás, hasta la petulancia y el sarcasmo. Pero su área favorita de acción es la lástima por uno mismo y por quienes nos rodean. De manera que, para acecharla, ante todo tenemos que descomponer nuestros sentimientos en sus mínimas partículas, detectando las fuentes de las cuales se nutren…Los sentimientos rara vez se presentan en forma pura. Se enmascaran. Para cazarlos como conejos, tenemos que proceder finamente, con estrategias, porque son rápidos y no se puede razonar con ellos.”

Con los pasajes citados de este libro parecería que estamos “fritos”. Quizás nos llenemos de frustración pensando que es imposible, pero nada es imposible, eso es una creencia enraizada en la mayoría de nosotros que nos castra, limita toda posibilidad de acción y es irreal. Si somos capaces de superar nuestra pereza existencial podremos encontrar un camino y avanzar lo mejor que podamos de acuerdo a la energía con la que encarnamos. Lo mejor que podemos hacer es asumir la responsabilidad de nuestra vida y abrirnos caminos internos para salir del hipnotismo social en que vivimos. Si esto implica que necesitamos caminar diez mil veces el mismo sendero antes de darnos cuenta de que hay otros caminos que llevan al tope de la montaña pues que así sea. Todo está en la calidad de presencia que pongamos en cada paso que demos. Así que encontremos el aliento para abrir nuestra mente con la que romperemos nuestras propias limitaciones. En el camino, reconoceremos como domar al ego y someter a la importancia personal.

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