lobo-con-piel-de-cordero“Caras vemos, corazones no sabemos” es un viejo y sabio dicho que nos anuncia lo importante que es no quedarse en el encanto de lo que vemos. Las apariencias, definitivamente, engañan y no es sino hasta conocer a una persona íntimamente que podemos, realmente, darnos cuenta sobre sus verdaderos valores y sus creencias más profundas y arraigadas. Muy pocas personas parecen lo que son y, otras pocas, apenas, son coherentes entre sus palabras y sus actos. Me remontaré a la infancia, época en la que inicia nuestro incoherente aprendizaje. Cuando nacemos lo hacemos sin un idioma ni una cultura. Eso nos dan en casa. Ahora, los bebes no aprenden a entender las cosas por las palabras que se les dice. Recuerda que el aprendizaje del lenguaje surge con la continua repetición de las palabras y del significado que se les atribuye al transmitirlas. En este proceso de aprendizaje sucede algo que, pocas personas, se detienen a considerar. Los bebés aprenden por la intención y la transmisión de energía que se pone en la comunicación. Es así que si le decimos: “te amo” con toda la intención del corazón, ese bebé va a percibir la vibración que emana la persona que le transmite ese sentimiento. Si, en cambio, le decimos: “te amo” pero el sentimiento no es tan sincero, el bebé percibe la energía de ese “te amo” con la intención que se emanó al transmitirlo, más aún si esta vibración es constante y continua por suficiente tiempo como para que se  grabe la asociación en ese niño.

mascarasRecuerdo un par de ejemplos de cómo, los adultos vamos desfigurando las definiciones de las palabras con actos incoherentes que nos confunden. Una vez atendí a una persona que tenía varios hijos y, creo que su último, padecía de convulsiones febriles. Esta paciente solía entrar en pánico cuando su bebé convulsionada pero, a sus otros hijos, les decía que todo está bien y que estén tranquilos, aunque ella estaba perdida la cabeza. Si bien su intención era buena no estaba siendo sincera con su forma de afrontar el asunto. Obviamente, los niños pueden ver con más claridad que los adultos y habrán visto a su madre en ese estado comprendiendo que las cosas no estaban bien. Pero, la insistencia en que todo está bien les genera confusión y realizan asociaciones que, eventualmente, las transmiten de la misma manera cuando crecen. El otro ejemplo es algo más cómico pero en la misma línea. Estaba en la sala de espera del dentista mientras esperaba mi turno. Era un dentista de confianza así que apenas terminó de atender a su pequeño paciente me invitó a entrar. La madre del niño le realizó algunas preguntas y se quedaron conversando mientras yo ingresé y, la asistente, me llevó al asiento “indeseable”. Al entrar en el consultorio, el niño pequeño que tendría unos 4 años, me queda viendo sorprendido y le dice a su hermano mayor, de unos 6 años: “¡ve ñaño, una gorda!” dentistaLa mamá alcanzó a escuchar lo que el niño dijo con total naturalidad y le llamó la atención y le exigió que me pida perdón. El niño se me acercó con esa cara de haber hecho algo malo y yo le dije: “no me tienes que pedir perdón, dijiste la verdad”. Entonces, noté como el niño entró en un estado de nerviosismo y ansiedad. Regresó a ver a su madre y luego a mí como sin saber qué hacer ni a quién dirigirse. La mamá, entonces, le volvió a insistir que me pida perdón y, él,  empezó a caminar alrededor de la silla “indeseable” en la que nos sientan a los pacientes, antes de taladrar las muelas, para ver qué volvía a decir yo al respecto. Entonces, le insistí: “tranquilo pequeño, dijiste la verdad y no me siento ofendida.” Ante su confusión y reacción alterada de sinopsis nerviosas empezó a comer una funda de golosinas y, entonces, le dije: “y, si sigues comiendo ese tipo de golosinas, vas a terminar igual de gordo que yo.” En eso la mamá llamó a los niños y se fueron. Lo que me llamó la atención fue ver la reacción de incertidumbre del niño. Él dijo una verdad, la mamá le dio a entender que no estaba bien decir la verdad. Claro, ella seguramente pensó que yo me sentía ofendida, puesto que la gordura no es socialmente aceptada y resulta algo por lo que la gente tiene que sentirse mal. Entonces, ¿qué sucedió ese momento en el entendimiento de las cosas del niño? Su reacción de ansiedad entre lo que yo le dije, al aceptarle que dijo la verdad y que no había problema con haberlo dicho y lo que su madre, su mentora, le estaba diciendo sí que generó en él un cruce de cables total. Por un lado, les decimos a los niños que siempre digan la verdad y, por otro lado, les enseñamos que es mejor no decirlo. Se confunden las exigencias con las definiciones y las creencias que, definitivamente, no suelen estar alineadas ni ser coherentes para la mayor parte de adultos. Y, así, vamos aprendiendo a realizar asociaciones de definiciones de principios que no concuerdan con el comportamiento, desvirtuando su significado. Y podemos observarlo en nosotros mismos familia felizcuando decimos algo que sentimos diferente, internamente, de lo que dijimos. La intención es una, las palabras son otras. Y esto viene desde la infancia, al aprender a vivir en función de lo aparente y de la realidad del ambiente en que se crece. Por ejemplo, ¿cuántas familias parecen ser maravillosas y armoniosas e, internamente, hay violencia de todo tipo? ¿Qué mensajes sobre lo que es el amor se aprenden en esos ambientes? Seguramente algo como aquél dicho que dice: “porque te quiero te aporreo.” Qué mensaje más desastroso sobre el amor pero, sin duda, abunda. Y eso, cuando crecemos lo reproducimos. Así vamos heredando estas mezclas incoherentes entre definiciones, significados, creencias y comportamiento que, con frecuencia, nos trae más sufrimiento que alegría. Jiddu Krishnamurti dijo: “No es síntoma de buena salud el estar perfectamente adaptado a una violencia-familiarsociedad enferma.” El problema es que como la mayoría está adaptada a esta sociedad disfuncional, la acepta como la única opción y no se empeña en cambiarla. Vivimos tanto de la apariencia que hemos olvidado lo que es ver con el corazón. Hay un mensaje que ha impactado en la humanidad y que está en el libro de Antoine de Saint Exupéry: El Principito, en el pasaje en que se encuentra con el zorro y, al despedirse, le da su secreto: “Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos.” Esto es tan certero pero no suelen ser más que lindas palabras porque lo hemos olvidado, entonces, no queda más que recurrir a la apariencia y esto es cuestión de lotería. el_principito1Revivir y recordar estas palabras implica que dejemos lo establecido como la regla del vivir. Preguntémonos ¿qué significa para nosotros ver con el corazón?; preguntémonos ¿qué es lo esencial y que no se puede ver a simple vista? Sólo haciendo una revisión profunda de esto podemos encontrar respuestas. No nos sirve de nada quedarnos en la sensación de “qué bonito”, “qué certero”. No, no sirve si nos quedamos en eso porque no es darle valor al mensaje, o es darle un valor vacío que queda en ideas sin realizaciones.

Entonces, volvemos a caras vemos, corazones no sabemos. Nosotros entendemos las definiciones de las palabras según la real academia de la lengua y tratamos de asirnos a estas definiciones para comunicarnos, aún si, lo que verdaderamente estamos sintiendo por dentro, es diferente. Sabemos qué soloes lo socialmente aceptado y qué no y nos enmarcamos según esas normas porque, en el fondo, todos estamos buscando aceptación y eso se traduce en la búsqueda de amor. Aún así existen muchas falencias en el marco de lo aceptado socialmente porque no incluye, es excluyente y no nos ha enseñado que las cosas son buenas en la medida en que no hagan daño a los demás, aunque sea diferente de lo que acepta la mayoría. El ideal es que sea bueno para uno y, al mismo tiempo, para los demás pero, si eso no es factible, al menos que sea bueno para uno sin que haga daño a los demás. El difícil medir el tema del daño a los demás así que podríamos hablar de que cualquier acto necesita estar alineado con la conciencia interior en la que todos somos uno. Pero, esto no es exactamente lo que nos enseñan en estas sociedades competitivas en las que se fomenta el deseo de tener más, el deseo de conformar en lo socialmente aceptado para obtener la apreciación de los demás.

lobo corderoLo que he podido notar que es el mayor problema, en esta falta de transparencia que tenemos, es que, como buscamos amor, damos a los otros lo que hemos aprendido que es lo aceptado socialmente para que nos tomen en cuenta. La gente se presenta de una forma pero su naturaleza psicológica suele ser otra. He visto corderos con corazón de lobo y es poco fácil distinguirlos pero, si uno está atento a los detalles, se podrá dar cuenta de lo que albergan en su interior. Esto se vuelve más difícil cuando uno cae en las redes emocionales de estas personas porque, salir de la ilusión que se ha creado ante su forma tan amorosa de presentarse, implica estrellarse contra el piso y experimentar la decepción y la desconfianza, no solo del otro sino de uno mismo. Cuando nos envolvemos con personas oscuras es más probable que nos envuelvan con su oscuridad a que ellos se iluminen con la luz de un sentimiento. Solo seres muy evolucionados pueden evadir intoxicarse con la oscuridad de otros seres. leon-tortuga7Hay una enseñanza maravillosa en Avatar, el último maestro aire, cuando Aang tiene que enfrentar al Señor de Fuego y se sentía incapaz de hacerlo. Entonces, se le presentó el León-Tortuga (lion-turtle) y le enseño la maestría de la energía. La enseñanza principal dice así:Est ” la verdadera mente puede afrontar las mentiras e ilusiones sin perderse, el verdadero corazón puede palpar el veneno de la ira sin ser afectado.  Desde el principio de los tiempos, la oscuridad ha crecido en el vacío, pero debe retirarse ante la luz purificadora.”  Esto es algo a lo que podemos llegar, pero requiere de una preparación profunda, de mucho tiempo.Por algo se refiere a la “maestría de la energía”.  Mientras tanto podemos caer en la manipulación de la energía de otros que, finalmente, es un medio de aprendizaje para acercarnos a la luz purificadora, especialmente si logramos encontrar el camino para no perdernos y sostenernos en nuestra propia luz. Por eso es tan importante comprender lo que Yoda y tantos otros Maestros nos han sugerido: “desaprender lo que has aprendido.”  Esto se debe a que aprendimos a vivir en un mundo de contradicciones y apariencias que nos alejan de lo esencial, nos alejan del corazón. Por eso bien dijo Buda: “Es mejor conquistarse a uno mismo que ganar mil batallas.”

El cambio necesita empezar con uno mismo, caso contrario  ningún cambio en la sociedad podrá enraizarse y no tendrá fuerza para generar un nuevo mundo. Considéralo, no dejes los principios en ideas y busca el camino para lograr la realización de las enseñanzas con las que te identificas. Todos podremos ser maravillosos en el fondo, pero si la oscuridad gobierna nuestra personalidad no podremos experimentar nuestra propia luz hasta resolver o liberar esa oscuridad. Necesitamos ser las enseñanzas, no se trata de sostenerlas, se trata de convertirnos en ellas y ese es un reto de orden superior, con grandes exigencias para cada uno de nosotros y con maravillosas consecuencias.

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