guaraniEl otro día me topé con el mensaje de esta foto y me alegró tanto. Fue como un alivio saber que sí hay un par de culturas en que las palabras valen mucho más de lo que hemos aprendido. Su significado me sobrepasa y quisiera contemplarlo contigo. ¿Qué puede, realmente, significar que palabra y alma sean la misma cosa? ¿En qué momento se hacen una? O más bien dicho, ¿en qué momento se separaron? Partimos al revés, es decir, pensando primero cómo pueden ser una misma cosa en vez de partir por el momento en que dejaron de serlo en nuestros vocablos y formas de vivir. Y, claro, tenemos que partir desde donde estamos. Las culturas y civilizaciones “modernas” se han acostumbrado a usar las palabras a diestra y siniestra, como un medio de manipulación más que un medio de honesta comunicación. Estoy generalizando y basada en las consecuencias de las que “gozamos” en la globalidad. Lo que ha llevado a estas consecuencias tuvo un origen, una causa. Si vamos de la capa más superficial hacia adentro hasta llegar a un único origen de lo que vivimos ahora, ¿qué será? Parecería difícil encontrar un solo origen, pero intentemos excavar un poco. Comencemos por contemplar estas “consecuencias”. ¿Cuál es tu “feeling” (percepción) sobre el mundo que vivimos hoy en día? Observa la globalidad, no solo tu vida.  ¿Es un mundo caótico? ¿Es un mundo lleno de armonía, paz, amor? Aún si deseas ver todo positivamente, por un momento, solo contempla el ambiente global muy objetivamente, observa las cosas tal y como son. A lo mejor en tu país o tu sector todo es paz y armonía. ¡Eso sería un lujo! En todos los continentes hay, este momento, alguna forma de caos y crisis. Ucrania, Venezuela, Siria, Egipto son ejemplos evidentes. Tenemos la radiación de Fukushima, los efectos de los transgénicos y la ceguedad codiciosa de empresas como Monsanto, la deforestación, la extinción de tantas especies, el cambio climático que afectan a, venezuelapracticamente, todo el Planeta. Es que nada es aislado. Todo se suma a las consecuencias de la interdependencia que existe entre los humanos con el resto de la existencia. Existe un solo país (Bután o Bhutan) de los 194 países oficialmente reconocidos cuyo índice de progreso se basa en la felicidad de sus habitantes, no sus ingresos económicos. Un solo país, eso es como el 0,005%, o sea, nada. ¿En qué momento perdimos el camino de la felicidad? Creo que el concepto de Yugas de los hindúes puede ayudar a entender este proceso. Este concepto no solo se contempla en la cultura india, los griegos hablaron de la era de oro, de plata, de bronce y de hierro. Lo mismo se encuentra en algunas tradiciones antiguas nórdicas, y las tradiciones indígenas también. Esta sabiduría parece ser evidente en las culturas apegadas a la vida armónica con la naturaleza. Puedo estar equivocada pero así parece ser. Eso solo nos sirve como un marco de referencia más no es una solución para arreglar el meollo en que, como humanidad, estamos metidos.

globalEntonces, hemos iniciado observando la realidad global actual. El ambiente que respiramos, así estemos en lugares muy tranquilos, contiene una dosis de la contaminación mundial. Para llegar al origen de este caos, en que estamos viviendo, necesitamos hacer una recapitulación histórica mundial o podemos, más fácil creo yo, hacer un viaje a nuestro interior para encontrar el “condicionamiento” en que perdimos la conexión entre lo que hablamos y los dictados del alma. Así que escojo este opción para ilustrar el problema de la desconexión del alma. Para empezar, tómate unos minutos para contemplar tu día o los momentos importantes en la semana. ¿En cuántos de esos momentos tus palabras han reflejado tu corazón y tu alma? Quizás no tengas claro como identificar el alma. Sí, no es una tarea fácil para el mundo moderno. No es un tema personal, es un tema global. ¿Qué significa esto? Evidentemente, es un reflejo de una desconexión del alma, de la esencia misma de la que estamos hechos. ¿Cómo se siente el alma? ¿Cómo se siente hablar desde el alma? Sería óptimo entender como lo hacen en la cultura guaraní. Talvez no tengamos la oportunidad de contactarnos con ellos, así que necesitamos encontrar ese camino en nosotros mismos. A menudo podemos creer que estamos hablando desde el alma pero, si ni siquiera la reconocemos, ¿cómo podemos saberlo? Considero que el discernimiento en el viaje interior nos irá abriendo las puertas para entender esto. El mundo está plagado de palabras sin corazón. Basta con oir a los políticos que tiene que cubrir tanta porquería o que, por salirse con la suya, dicen no más cualquier barrabasada. Pero, no hay que ir mascaratan lejos. Basta con escuchar nuestro propio diálogo, la manera en que decimos una cosa, hacemos otra, pretendemos una cosa y por atrás sentimos otra. Basta con ver cuántas veces no decimos la verdad para encubrir algo que no podemos manejar, para evitar un conflicto. Notemos la manera en que manipulas con la palabra. En todo esto no hay alma pues el alma no tiene la necesidad de mentir. Claro que imagino que en la cultura guaraní se puede decir la verdad así no sea aceptada por los demás y se manejará la aceptación de una manera muy distinta a la que manejamos nosotros en nuestras culturas. Nuestra falta de aceptación nos hace disfrazar las realidades que presentamos para amoldarnos a los demás. Vivimos confundidos, sin saber realmente lo que es bueno para nosotros, sin saber lo que realmente necesitamos o queremos. Nos enseñaron que esto o aquello es lo que hay que hacer. Nos dijeron que así son las cosas. Aprendimos del ejemplo que decía una cosa y hacía otra. En la mayor parte de cosas que aprendimos estaba manifestada la separación del alma. No nos enseñaron a encontrar el verdadero significado de las palabras. Por verdadero no me refiero a dormir con el diccionario bajo la almohada, me refiero a encontrar el significado auténtico de una palabra, de una idea, de un principio, en nuestro propio interior.

Muchas veces me he encontrado con el comentario de mi madre: “Gloria Regina, yo no te crié así, ¡te has hecho una salvaje!” Pobre mi mamita, le he hecho ver estrellas al romper con los esquemas del hogar en pos de encontrar mi propia resonancia. Me encanta que me vea como una “salvaje” porque refleja un cierto nivel de libertad que he logrado. No dependo ya de aprobaciones y vaya que, por años, eso era lo que buscaba. La aprobación era sinónimo de aceptación y la aceptación era sinónimo de amor. Algo que, por naturaleza, todos buscamos aunque de la manera equivocada. Así fue porque aprendí que el amor venía de otros. Eso de amarse a uno mismo fui aceptacionencontrando en el camino interior cuando examinaba lo que era ser gentíl conmigo misma, ser paciente, cuando aprendí a reirme de mi misma, de mis torpezas, a verme tal cual soy, sin juzgarme duramente. Así fui encontrando una experiencia de amor por quien yo soy. Las experiencias de amor con otras personas también han servido. Han sido modelos de amor o desamor. Un espejo para mirarme. Y así sigo, observándome todo el tiempo para notar en lo que necesito seguir puliéndome y abriendo el arduo camino hacia la compasión. Siendo sagitario, el tema de la verdad, la sinceridad, la honestidad y la transparencia han sido vitales, en mi camino, desde pequeña. He sufrido mucho al toparme con gente que miente, sobre todo la más íntima, sean relaciones de pareja, de amistad, o de familia. A pesar del peso que eso tiene para mi en cuanto a como determinan las relaciones, confieso que también he mentido. Acepté por mucho tiempo la idea de las “mentiras blancas”, tan bien acogidas y adaptadas a nuestra disfuncionalidad social. Siempre el miedo detrás de las mentirillas, miedo infundado por el sistema que hemos adoptado. Un buen día paré a cuestionar eso de las mentiras blancas y su “modus operandi” en mí y en los demás. Increíble la cantidad de comodines que estamos acostumbrados a usar como si fuera lo natural. Como lo hacen los demás, entonces, debe ser que está bien. Es como esa idea que he escuchado a tantas personas al referirse a los políticos: “no importa que roben con tal de que hagan obra”. ¿Qué es esto? ¿De dónde sale un concepto tan errado? Pensar así solo promueve más la corrupción. Así mismo, pensar que está bien una mentirilla blanca, de vez en cuando, es fomentar el círculo de la mentira. Al cuestionar estas “ideas” aceptadas colectivamente, he tenido que ser más clara en la relación conmigo misma y, ahora, prefiero quedarme callada a tener que inventar una “mentira blanca”. Si, por algún motivo, no puedo expresar lo que es para mí, mejor no lo digo sino hasta encontrar un buen momento. Las ideas pueden cambiar con el tiempo. Lo que hoy defiendo mañana puedo no hacerlo. Pero, si funciono honestamente ahora no tendré que arrepentirme después.

Me sorprende que haya tantas palabras que apuntan a una cosa tan vital como la verdad del corazón o del alma. Honestidad, sinceridad, transparencia, verdad. Mientrás más palabras apunten a lo mismo más podemos dispersarnos en la esencia de los principios fundamentales. Lo podemos ver como cualidades diferentes, pero dividen la esencia de algo en muchas posibilidades. En guia interiorespañol hay un par de opciones para el sentimiento de amor. Decimos: te quiero y te amo. Hay mas conceptos relacionados como: te deseo, te extraño, te anhelo, etc. No voy a decir si es bueno o si es malo, lo que si quisiera es que contemplemos qué es lo que este abanico de opciones genera en nuestro comportamiento. ¿Qué tal si solo existiera amor? ¡punto! No tuviéramos más opción que amar a alguien. ¿Cómo haría que nos relacionemos con los demás? ¿Te das cuenta del impacto que el idioma tiene sobre el comportamiento y la concepción de la vida? Ahora pensemos en ese concepto de que palabra y alma son lo mismo. ¡Qué fuerte resulta! Mucha responsabilidad en lo que se dice; mucho corazón en las cosas. Por cierto, cuando he hablado de corazón aquí, no me refiero al corazón sentimental impulsivo sino al corazón que está conectado con el alma. ¿Puedes reconocer la diferencia?

Bueno, quizás podamos contribuir a cambiar el nivel de vibración e interacción que está sucediendo en el planeta si empezamos por cuestionar qué tan auténtica es la relación que tenemos con nosotros mismos. Si, por ejemplo, no aceptamos todo lo que nos enseñan como una verdad, así sea la norma y empecemos a buscar los conceptos y definiciones de las palabras en nosotros mismos en vez de aceptar lo que dice un diccionario. Tomemos la teoría como una guía pero no como la autoridad máxima sobre los conceptos. Luego de buscar, internamente, habremos abierto el camino para encontrar una relación con la persona más importante en nuestras vidas: nosotros mismos.

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