Hoy dicté una conferencia sobre la salud y las emociones en una institución y me llevó a compartir, en un momento de la misma, un episodio que me sucedió en el 2008, cuando recibí un golpe bajo del personaje del que he venido hablando en los blogs y al que me refiero como “mi amada tórtola”. Nos conocimos, virtualmente, el 21 de abril de 2008, cuando él me envió un correo porque había escuchado la radio y se había quedado gratamente impresionado. Así empezó todo. Al principio fue un contacto disperso pero, para julio, ya empezó a ser más cercano, quizás demasiado cercano. La verdad, desde un inicio sentí una familiaridad inusual con él. Más aún cuando compartíamos tantos gustos similares y, notando que él se abrió de una manera impresionante contándome su vida, algo que según él, era igualmente inusual. Así que, luego de una incrementada cercanía y de notar que podía verle a él por dentro como si lo viera con rayos X, más allá de lo que me contaba, era como si podía ver su verdadero ser, su alma, muy encarcelada en su interior, sentí un asombro tal que me enganchó con gran curiosidad. Ya para septiembre le confesé que me estaba enamorando y él, de una forma tan seca y cortante me dijo: “tú no eres mi tipo de chica”. La verdad, fue la manera en que lo dijo, la energía que puso detrás de su comentario y la manera que yo lo tomé. Fue tan tenaz que, al poco tiempo de eso, me dio una fuerte lumbalgia. Ya era tiempos que no me había dado algo parecido pero, el impacto de su rechazo, después de todo lo que habíamos compartido y las experiencias internas que surgieron, fue tan grande que me quedé, literalmente, paralizada. Las levantadas de la cama demoraban alrededor de 10 minutos, ni sola ni acompañada podía encontrar una forma que no me doliera la levantada. No podía dejar de trabajar y tampoco podía soportar estar sentada mucho tiempo, ni acostada, ni caminando, así que entre trabajar y escoger las terapias para la recuperación pasé muy duro ese tiempo. Asistí al quiropráctico, me hice acupuntura, tome anti-inflamatorios, me inyecté el más potente Neurobión y nada funcionaba. El dolor era tan fuerte que lo que menos hice fue pensar que había una relación entre lo que él me dijo y esta lumbalgia. Estuve 3 meses afectada por este tema, recién en diciembre empecé a recuperarme. No fue sino hasta que disminuyó el dolor que decidí enfrentar el impacto emocional de esto que empecé, realmente, a sanar. En la periferia de mi conciencia sabía que había una relación entre lo que me dijo y la lumbalgia, pero el malestar era tan grande que lo único que quería era sanarlo para después revisar el tema emocional. Eso no es factible y lo sabía, pero ese dolor maldito no me dejaba energía para revisarme internamente. Por eso esperé a mejorar para poder revisarme. Así escogí hacerlo, dadas las circunstancias. Quizás la opción de enfrentar el tema emocional, desde el inicio, hubiese sido la mejor opción, pero bueno, no se trata de juzgarlo sino de observar cómo escogí hacerlo y tomé el camino más largo pero lo resolví. De ahí en adelante, quizás por el tiempo que tomé en resolver el asunto, mi columna quedó debilitada y tendría la tendencia a tener afecciones en la espalda baja cuando se dispare algún tema emocional. El proceso más importante para resolver el asunto fue cuando me perdoné a mi misma y luego le perdoné a él.

En el lapso de esta afección, cuando él me dijo que no sentía nada por mi y que no era su tipo de chica, le dije que entonces mejor lo dejemos ahí ya que para mí era una situación difícil porque ya estaba involucrada emocionalmente con él. Entonces, me dijo que cuando lo supere me comunique con él para continuar con una amistad. No pude soportar ni una semana, había un impulso irracional que me decía que yo tenía que hacer algo con él, pero no sabía de qué se trataba el asunto. Así que a la semana le volví a escribir y le dije, justamente, que no entendía por qué no podía romper con esto y que sentía una sensación de que tenía algo que hacer con él. Debo confesar que una de las pocas cosas buenas que hubo en este intercambio, al menos de mi lado, fue la fluidez de la total transparencia. Si bien esa es mi forma de ser, con cada persona, el fluir de la transparencia, ha tenido una energía y dinámica diferente. En este caso, era tan natural que quizás fue eso lo que permitió que se profundizara tanto y el lazo energético se hiciera tan fuerte. En tal caso, él estuvo de acuerdo en volver a restablecer el contacto y bueno, la relación siguió por algunos años.

Lo que resultó muy interesante fue notar lo que sucede cuando se entrega tanto poder a otra persona. Con una pequeña frase, había permitido que él me afectara de una forma que no recuerdo que nadie antes haya podido hacerlo, al menos, no de esta forma física. La relación que tuve con el “falso profeta” del que hablo en mi segundo libro: De la Oscuridad a la Luz, fue sumamente intensa, ese hombre tenía unos poderes medio raros, también le entregamos el poder a él, incluso recuerdo que se me metía en los sueños de una manera inusual, pero no recuerdo que me haya impacto, internamente, de la manera que me impactaba este otro personaje. Y vaya  que luego de haber experimentado todo lo que sucedió con ese falso profeta, era como para aprender la lección, pero no resulta así de fácil. Las situaciones son muy diferentes, aunque el fondo de mi propia disfunsión sea el mismo, o sea, la entrega de poder al otro, algo que hacemos debido al condicionamiento y el aprendizaje. Lo he notado en el 100% de los pacientes que he atendido pues es la manera que aprendemos a relacionarnos. Como diría Krishnamurti: “que malsano es adaptarse a vivir en una sociedad tan enferma…” pero, eso es lo que nos sucede y, por eso, hay que buscar la manera de llegar al origen del condicionamiento y transformarlo. Lo que hacemos, la mayor parte del tiempo, es echarle la culpa a otra persona por nuestros males ignorando que el problema inicia en nosotros mismos. Igualmente, aunque yo sabía que esto se trataba del poder que yo le di a él para que me afecte, no pude evitarlo. Lo único que pude hacer es trabajar conmigo hasta encontrar la manera de devolverme la salud y la tranquilidad. Enfrentarme a mi misma fue el único camino. Ver mis inseguridades, mis prejuicios, las creencias que habían dando forma a la realidad que me rodeaba. Nada de eso es exactamente fácil, sobretodo, cuando este enfrentamiento implica salir de la zona de confort. Pero así es el camino hacia la liberación: enfrentarse a uno mismo, y mientras más profundo se llegue, mucho mejor. El camino hacia ese lugar profundo puede ser muy doloroso. Implicar ver muchas cosas que han dejado heridas y no se han curado, implica ver lo que consideramos “errores” que no son más que prejuicios que nacen de las imposiciones sociales y de los conceptos de correcto e incorrecto. Implica encontrar una forma de transformarse, de perdonarse y de encontrar el amor. Implica ver las cosas como son y ver más allá de la ilusión así que, por eso, mucha gente, la mayoría, se queda en la incómoda comodidad de la superficie. Se requiere mucho valor, decisión y claridad de dirección para salir de nuestro metro cuadrado mental. Esto es muy factible, sino que implica compromiso para encontrar el camino de la expansión de la mente y la conciencia ilimitada.

 

Hoy por hoy, “mi amada tórtola” todavía me afecta, pero ya no con el alcance del inicio. Mis compañeros de trabajo desarrollaron una especie de alergia hacia él al verme, durante años, padecer con esta relación. Todavía no tengo la claridad de qué mismo es lo que tenía que hacer con él, pero si puedo decir que me he fortalecido y he aprendido muchas cosas. No sé si lastimosamente o no, pero ha sido a través del sufrimiento que me he fortalecido. Sí, yo escogí mantener esta relación. Parecería fácil decir: si tanto daño te hace, acaba con eso. Pero no es así no más de fácil. Esto me ayudo para comprender el proceso de muchos pacientes, sobretodo el caso de una paciente que amaba a su marido, estuvo casada más de 20 años y, en los últimos años, él se metió, fuertemente, en las drogas y se convirtió en otra persona. Ella pasó unos cuántos años sin poder dejarle ir, hasta un día casi la mata, pero ella seguía enganchada en el amor que le tenía a su marido. En su cabeza sabía que debía dejarle ir pero su dependencia emocional de la relación no le dejaba terminar con eso. Tuvo que pasar muchas cosas horribles para que ella, finalmente, decidiera divorciarse. Cada persona tiene que hacer su propio proceso y aunque pueda ser evidente para los demás y para sí mismo que no es lo conveniente, hay fuerzas funcionan más allá de nuestro nivel de conciencia que no nos permite romper. En parte es el proceso que uno necesita realizar y, en parte, también hay un karma de por medio que puede hacerse evidente conforme uno lo trabaje. Uno sabe cuando ha llegado a la culminación del proceso porque se libera de la carga, de la conexión, y se fortalece internamente como consecuencia de lo procesado. Recuerdo haber tenido la claridad suficiente para hacer el siguiente videoblog. Fue tan claro, aún así, y pensando que todo ya había acabado para mí en relación a él, pues volvió y yo sigo buscando la manera de llegar al origen de la conexión para poder liberarme. He hecho varias meditaciones de desprendimiento, de perdón. Hice el curso de Thetahealing, EFT, hice una regresión, y hasta busqué apoyo terapéutico durante un tiempo, pero la conexión sigue ahí, así ya no me comunique con él. Es como un cordón grande, de energía, que todavía nos conecta y ahora el reto es descubrir, en mí, la manera de liberarme, transformar o, simplemente aceptar la existencia de esta conexión. Todavía no atino con el eje preciso en torno al cual gira esta conexión así que el reto es muy interesante porque se trata de descifrar algo a nivel energético y sé que lo lograré. También sé que una palabra de amor genuino puede ayudar, no solo a sanar, sino a transformar y estimular el despertar interior pero, ¿cuál es la tendencia general en las relaciones? Podemos encontrar la respuesta en el estado del mundo hoy en día.

Aquí dejo el video que surgió de una parte de este proceso, sé que ha ayudado a muchas personas y, por eso, me alegro mucho. Lo vi con total claridad y tiene mucho sentido. Lograr la coherencia es extremadamente importante para poder manejar este proceso. Sin juzgarse ni compararse, espero que, al menos, pueda dar pautas para encontrar un camino.

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