Seguro que hemos escuchado que lo que comemos afecta la salud, pero no queda ahí, también afecta el comportamiento. Solo basta con observar lo que sucede con niños que son alimentados con dulces y alimentos basados en azúcar y luego los tachan de hiperactivos y les dan ritalin para calmarlos. Aunque hay muchos estudios contradictorios sobre el efecto del azúcar en los niños, en 1986 se realizó una investigación que se publicó en el “Journay of Abnormal Child Psychology” en el que se observó el comportamiento en niños pre-escolares luego del consumo de azúcar. Esta investigación descubrió que, en todos los sujetos, hubo una baja en la capacidad de aprendizaje luego de que los niños cosumieran una bebida azucarada. El efecto fue más notable luego de 45 a 60 minutos de haberlo tomado. Estos hallazgos sugieren que hay una relación entre el consumo de azúcar y y el nivel de aprendizaje. Finalmete, el azúcar es un carbohidrato simple que ingresa en el sistema sanguíneo rápidamente y da un soplo de energía pero, cocacoladependiendo el origen del azúcar, pueden venir grandes bajones. Hay varios tipos de azúcar como el de las frutas y el de los dulces, entre otros. Gran diferencia hay entre los dos. Por eso es recomendable consumir frutas en la mañana ya que dan energía y ayudan en la limpieza del organismo. En este link podrás revisar lo que sucede con el consumo de la coca cola. Es de los productos más consumidos en el Planeta. ¿Cómo es que la gente no sabe lo que se está metiendo en el organismo? Por favor, no todo lo que se vende en el mercado es apto para el consumo humano. Tenemos que aprender a escoger. En tal caso, considero que lo mejor que los padres pueden hacer es observarlos y notar el comportamiento de sus hijos luego de consumir distintos alimentos o productos. Pero sí, la alimentación es determinante en el comportamiento aunque no sea el único factor que lo determina. Lo he podido comprobar. Lastimosamente, es demasiada la gente que lo ve por encima y prefiere deleitar su paladar a costa de su salud. No niego que comer un dulce es una delicia, sino que más pienso en cómo hemos aprendido que la comida es un medio de satisfacción y no de salud. Lo vemos en, practicamente, todas las reuniones sociales alrededor de alimentos y bebidas. Nos impresionan con la variedad de delicias y un plato no abastece para llenarlo de tantos manjares. Si en un cumpleaños infantil sirvieran tallos de zanahoria, zuquini y apio con humus o variedad de frutas en vez de comida chatarra, seguramente comerían poco y por hambre o compromiso. Si llenamos los espacios con dulces y salchichas con mostaza hasta nos puede faltar. He escuchado a tantos padres y madres decir que los niños son niños y, por ende, están en la edad de llenarse de dulces, pero, pocos se dan cuenta del daño que les hacen. No es cierto que la comida saludable es aburrida sino que nuestros paladares se han atrofiado por todos los quimicos que le damos y que nos hacen adictos a sus sabores. A ratos veo como, en el tema alimenticio, se refleja la corrupción del tema político y económico. Se crean productos deliciosos para el consumo humano sin importar su efecto en la salud, solo se mira su rentabilidad. Toda la comida chatarra parece estar hecha con una varita mágica de saborizantes que atrapan al consumidor hasta terminar chupándose los dedos. ¡Delicioso! pero con un costo alto cuando terminamos destruyendo el organismo con el pasar del tiempo. Lo más tenaz es que, el tema de la alimentación sana, hoy en día, se ha vuelto algo muy confuso y complicado. ¿Por qué? Porque hay tanta manipulación en los alimentos y con tan poca información confiable que no sabemos si lo que estamos comiendo es saludable o no.

GMOCon el creciente número de habitantes en el Planeta y la forma que tenemos de alimentarnos parece que los recursos pronto van a escasear. Ahora nos venden la idea de que la producción masiva es lo que salvará al Planeta de la hambruna y, por eso, los sembríos de transgénicos nos han invadido. Increíble cómo nos dejamos embobar, engañar tan estúpidamente. Conozco personas que, por consumir productos de origen transgénico, han desarrollado enfermedades. ¿Cómo asociar con eso? Fácil: antes de consumir esos productos tenían buena salud, luego de consumirlos se desarrollaron alergias al glúten, incrementaron los problemas de inflamaciones en articulaciones, se presentaron desórdenes hormonales y más. En el mercado estadounidense es donde más transgénicos se encontrará pero claro, muchos de esos productos están regados por el planeta y los consumen personas de otros países también, más aún con franquicias internacionales. Si viéramos la manera que tienen de tratar a los sembríos, seguro tendríamos recelo en comer lo que salga de ahí. Este verano, durante la vacación familiar, fui a un Whole Foods para comprar alimentos orgánicos y saludables. Consumí una salchicha de soya casi todos los días y, de pronto, tuve síntomas del síndrome premenstrual que no había tenido hace mucho tiempo y mi período menstrual se vio totalmente afectado. Fue toda una sorpresa que me dejó algunos meses afectada. Aunque decía que era orgánico no había garantía de su origen, especialmente porque hay prohibición de etiquetar toda la información de los productos en USA. Las empresas detrás de los monsantopesticidesandpoisontransgénicos, especialmente Monsanto, que es la empresa más temible que pueda tener la salud humana, invierte millones para evitarlo y es apoyada por entidades como la FDA (millonaria y tremendamente corrupta) y gobiernos inconscientes y codiciosos de algunos países. Ahora ese recelo de alimentarse de cualquier cosa basada en soya, maíz o trigo, que son los más manipulados genéticamente, me ha llevado a intentar otras opciones alimenticias y me sorprenden los resultados. Como he sido mayormente consumidora de vegetales, frutas, carbohidratos y almidones, el pan ha sido básico en mi alimentación. Es más escogía, generalmente, el pan integral, harina integral, fideos integrales y demás. Investigando más sobre temas alimenticios, decidí dejar los alimentos sobre todo de soya y trigo ya que algunas cosas de maíz todavía se pueden consumir en nuestro medio con cierta confianza de su origen. Son tres semanas, todavía poco tiempo, pero he notado una consistencia en la falta de la ansiedad acostumbrada con la que vivía que me llevaba, impulsivamente, a comer más. He reemplazado esto con nueces de todo tipo, más frutas vivas y deshidratadas, lo demás sigue, relativamente igual. Estoy tan impresionada que no tengo ningún tipo de interés en volver a comer los deliciosos cachitos integrales, los desayunos con tostadas,  pan con miel y las deliciosas pizzas que tanto me han encantado. Varío los desayunos con huevo goyverde, huevos de gallinas felices, fruta, chulpi con chochos, jugos con un batido de proteína y el nivel de hambre ha bajado, pero sobre todo, noto que esa ansiedad constante con la que estaba acostumbrada a convivir, ya no está. Ha sido importante mantener una rutina en cuanto a horarios. El día que salí del horario se generó un mini caos de ansiedad. Fue el día que cosechamos la miel. Eso duro como 5 horas, se nos fue toda la mañana. Las ganas de probar la cera con miel me llevó a consumir un poco más de lo necesario. No solo eso afecto ese mini caos sino que no me alimenté de mi snack a las 11 de la mañana como era la costumbre. Entonces, llegué al almuerzo con ánimo de devorar. Como ahora doy crédito a mi estómago más que a mi necesidad mental, a pesar de haberme servido más de lo necesario, impulsada por esa ansiedad, dejé la mitad en el plato y me sorprendió porque no ha sido mi costumbre. La sobredosis de miel y la falta de las nueces a la hora acostumbra generó una reacción. Seguramente tendré que seguir trabajando en domar mi mente hasta salir, por completo, del hábito mental rutinario que me ha llevado a comer por ansiedad durante años. Los días que salen de la rutina o hay algún evento social son los más difíciles de manejar todavía. Pero, cada día tengo la oportunidad de ese auto-entrenamiento.  Estoy midiendo los resultados con la observación de lo que sucede en mi cuerpo y mi estado mental. En esta etapa inicial me he subido a la balanza con cierta continuidad luego de hacer una recapitulación de lo que consumí y de mi estado anímico. Es una de las maneras de examinar y entender la relación entre la nutrición, el cuerpo y la mente. El exceso de peso se ve en el cuerpo pero, realmente, está en la mente y descubrir esa relación es sumamente interesante. Podrán existir millones de investigaciones contradictorias y, por eso, no hay nada como la experiencia personal pues no hay intereses económicos de por medio sino un sincero deseo de entender estas dinámicas.

cuidarCuidar de uno mismo es una mega tarea a la que no estamos acostumbrados. No me refiero a cuidar “la línea” exactamente. Me refiero a cuidar de uno mismo en todas las dimensiones . Podemos tener una inclinación para cuidarnos más en un aspecto de nuestra existencia que en otro. Mucha gente se enfoca en su cuerpo pero no mide su mente, otros tratan de fortalecer su mente sin hacer cambios que lo apoyen y otros estamos más enfocados en el espíritu sin atender el cuerpo. Cuidar de uno mismo implica atenderse en todas las dimensiones y, por eso, es una mega tarea, al menos hasta que sintamos un buen nivel de integración con uno mismo. Es importante seguir las tendencias naturales, cultivarlas y potenciarlas pero no hay que quedarse ahí. Hay que trabajar, también, en nuestras debilidades, entenderlas, pulirlas y equilibrarlas pues de ahí es de donde sacaremos mayor aprendizaje y fortaleza. Es un proyecto de toda la vida y es, realmente, el mejor proyecto que podamos tener. Esa costumbre que tenemos de dejarnos al final de todo no es una costumbre saludable. Eso de pensar primero en los demás solo funciona cuando hemos logrado satisfacer la necesidad de conocernos o reconocernos, mientras tanto solo sirve de evasión de uno mismo y genera vacío y desazón.

etiquetaRegresando al tema de la alimentación y nuestros rituales sociales… Realmente es importante que consideremos los alimentos que consumimos de forma responsable. Esto implica ser exigentes con lo que escogemos para comer. Consideremos el valor alimenticio de una verdura fresca versus una verdura enlatada. Sabemos de primerazo cuál es la mejor opción. Es, quizás para muchos, más fácil consumir una sopa de lata que tomarse el tiempo para prepararse una sopa de verduras. No tenemos tiempo, tenemos que hacer esto o aquello. Eso señala la poca importancia que nos damos. Ayer me preparé unas tortas de verde. Jamás las había hecho. Mi mamá me dio las instrucciones por teléfono. Hice lo que me dijo dándole mi toque personal con otros ingredientes y me salieron deliciosas. Entonces, me pregunté si era por los ingredientes o por el gusto con los que me los preparé. Parecería ridículo y efímero que mi intención tenga un efecto sobre el sabor, pero sí la tiene, definitivamente. Lo poco que cocino me permite darme cuenta de esto. A mis compañeros del Spa les he hecho unos camarones al ajillo unas cuantas veces. Jamás con receta, siempre hago diferente, y siempre me felicitan por el sabor. Eso apoya nuevamente el concepto de que la energía e intención con que se hace algo tiene un efecto no solo de sabor sino sobre el organismo. Aprender cosas básicas de cocina son necesarias, así no nos guste, porque en algún momento nos tocará alimentarnos por nuestra propia mano. Sin lugar a dudas, la base de una buena salud está, en gran medida, determinada por lo que consumimos, su calidad, la cantidad y el tipo de alimentos que escogemos. Seguiré compartiendo más al respecto.

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