Qué maravilla sería si todos pudiésemos aprender con total apertura sobre todos los aspectos del sexo y la sexualidad. Es una parte tan importante de nuestra humanidad y tan poco desarrollada por la mayoría. Como en todo, a nosotros nos resulta fácil lo instintivo y que esté más a la mano. En el caso del sexo sería el placer generado por el contacto íntimo. No conozco otro placer parecido, aunque conozco placeres que satisfacen más que un orgasmo o la relación sexual con la pareja. La mayor parte de mi vida la he pasado en celibato y deduzco que ha sido bueno para mi desarrollo interior. La masturbación ha sido natural desde que era niña, nunca he tenido problema con ese tema y me parece tan interesante todo cuanto castigan este contacto con uno mismo en algunas religiones como si fuera un acto satánico. Esto no es más que algo natural y hasta necesario pues es parte de la buena relación que se necesita tener con el cuerpo. No me estoy refiriendo a pasarse obsesivamente masturbando pues eso ya es disfuncional, me refiero específicamente al aspecto natural del contacto con el propio cuerpo. No soy ningún tipo de experta en el tema sexual y poca es la experiencia que he tenido. No sé si es casualidad, sincronismo o una mera asociación, pero he sentido que la práctica del acto sexual instintivo hace que se activen los dos primeros chakras y nos hala con fuerza hacia el mundo de la materia, sobre todo porque nos concentramos en potenciar los placeres resultantes del contacto físico. Estoy prestando muchísima atención a todo lo que me está sucediendo con mi compañero sexual con el que inicié una relación hace un par de meses. En plena observación de todo lo que siento, lo que se genera cuando estamos juntos. No había estado sexualmente con alguien en 7 años así que no he tenido que prestar atención a todo lo que el intercambio genera y promueve. Esta vez decidí vivirlo con toda la atención posible para comprender lo que sucede. Si bien cada etapa de la relación puede traer algo diferente, me referiré a lo que he experimentado hasta el momento. Pero antes de hacerlo quisiera aclarar que mi afán es intentar lograr un camino de entendimiento profundo para llegar, por mis propios medios a lo que los sabios han llegado por los suyos. Si bien es de gran ayuda tener una guía, un o una maestra que me vaya dando las pautas precisas para acelerar una comprensión sabia, no es el caso de la mayoría, y tampoco es el mío. Así que haré lo que esté a mi alcance para avanzar en el camino con lo que dispongo. La base es la auto-observación y estar totalmente presente en todo lo que se mueve en uno sin juzgarlo, solo vivirlo en plena aceptación. Si se juzga interviene el prejuicio que, normalmente, es un obstáculo para profundizar y lograr un entendimiento de algo tal y como es. No puedo quitarme totalmente de encima el condicionamiento que he tenido sobre la sexualidad, y eso es y será parte de la experiencia, aún si tengo la oportunidad de dejar ir cualquier limitación en la visión que adopté a través de la educación y las experiencias que he tenido.

El primer encuentro siempre fue muy tenso, supongo que es parte de ese aspecto de desnudarse no solo en cuerpo sino internamente también. Conocer cómo los cuerpos interactúan, cómo reaccionan, lo que dan, lo que reciben, lo que gusta y lo que no gusta, observar el miedo, la resistencia, el deseo, la ternura, el calentamiento, y la liberación. Notar cuánto del proceso del orgasmo está en la mente aunque el estímulo sea en los órganos sexuales. Notar cómo se apaga el cerebro cuando se llega al clímax y lo poco que parece durar. El placer de sentir placer, el placer de estimular el placer en la otra persona. Hay mucho de esto que es totalmente instintivo y natural. Cuando lo experimento y luego pienso en todo el “tabú” que hay alrededor del tema me parece que no es más que otro reflejo de lo disfuncional que es la sociedad.

Alguna vez leía sobre cómo seguramente fue el tema de la sexualidad en otros mundos, civilizaciones desaparecidas ya y me dejó tan alegre y satisfecha de pensar que pudo haber sido así. Para empezar, el tema de la sexualidad era un tema abierto y sagrado. Había un proceso de iniciación que se hacía con tanta reverencia. Lo que recuerdo haber escuchado para las iniciaciones masculinas, en esta sociedad, y como un chiste, es eso de llevar a los adolescentes a donde una prostituta. O sea, nada que ver con el principio sagrado del contacto sexual. Recuerdo que, durante mis años de estudio en la década de los 90, una vez hice un taller con una de las profesoras del instituto sobre las enseñanzas de Carlos Castañeda y el proceso de recapitulación, que servía para recuperar la energía invertida en las experiencias de vida. El primer día nos enseñó la técnica, la entendimos y, luego, nos envío a trabajar todas nuestras relaciones sexuales. Teníamos que empezar anotando los nombres de las personas con las que habíamos tenido relaciones sexuales así haya sido en una sola noche. Nos explicaba que, según Castañeda y las enseñanzas de los yaquis, cuando hay ese contacto sexual con penetración, los filamentos energéticos de las personas se conectan por un período de 7 años y se nutren el uno del otro, energéticamente. Así lo entendí. Para mi suerte solo había estado con una persona y, entre mi, sentí alivio de que no tenga que concentrarme en más de una. No pensé en la historia de mis compañeras pues no la conversamos ese día. En la siguiente clase iniciamos conversando sobre estas listas de las parejas. Yo tenía como 30 años a estas alturas y el promedio de edad de mis compañeras rondaba la treintena. Cuando empezaron hablar y narraban sobre sus listas yo entré en shock. La que menos tenía una lista de 25 relaciones sexuales a esas alturas de la vida. Fue tal mi shock que no pude quedarme más en la clase. Conversé con mi profesora y estuvo de acuerdo en que me tome mi tiempo y no continúe con el curso. Claro, yo era de otra cultura mucho más conservadora, pero lo que me impactó fue ver que el acto sexual era indiscriminado y eso era lo normal para ellas. Quizás sostenía en mi mente una idea más romántica de la unión sexual, pero eso ya no tiene importancia. Al menos aprendí la técnica y la puedo aplicar si lo necesito. Aunque, por naturaleza sea un ser sexual, este tema no ha sido el centro de mi existencia y me alegro haber escogido, consciente o inconscientemente, el camino que escogí.

Mi segunda experiencia sexual surgió de una manera tan inusual. Había empezado a tener un movimiento extraño de la energía kundalini con cosas como que me iba a dormir, cerraba los ojos y parecía que seguían abiertos pues veía todo como si los tuviera todavía abiertos. Hasta me ponía las manos sobre los ojos para cerciorarme de que no podía ver y, de todas maneras, veía. Otro síntoma fue que, de pronto, mi cuerpo empezaba a vibrar, como un motor de carro prendido. Ponía las manos sobre las piernas y no era un temblor, era una vibración. Finalmente, otro síntoma que recuerdo fue que se despertó, por primera vez, el deseo sexual, sentía una presión en mi vagina y no sabía por qué. Me empecé a asustar y no tenía a quien acudir. En esa época, estaba estudiando astrología y, por esas cosas de la vida, estaba en contacto con un astrólogo brasilero. Le pregunté si sabía algo al respecto y me dijo que le escriba a Jeffrey Wolf Green, un astrólogo estadounidense que sabía mucho sobre este tema. Entonces, no perdí el tiempo, pues estaba entrando en pánico de no poder controlar lo que sucedía en mi cuerpo. Le conté a Jeffrey lo que me sucedía y él me contestó ipsofacto y me dijo que si quería que eso se calme necesitaba tener relaciones sexuales. Yo me quedé boquiabierta y le pregunté por qué. Me dijo que eso bajaría la intensidad de lo que estaba sucediendo por el intercambio y la concentración de energía en el primer chakra. Justo por esas fechas había un hombre que me andaba coqueteando y puedo decir que no me era del todo indiferente. Luego de esta conversación dejé que pase un tiempo para pensar sobre qué hacer y pues decidí aceptar su propuesta así que inicié la relación con esa persona. Puedo confesar que, efectivamente, los síntomas se esfumaron. Estuvimos juntos por como un año y todo acabo. Regresé al estado más familiar para mi: el celibato. Pasaría mucho tiempo antes de que aparezca otra persona.

Hoy, mi interés está totalmente enfocado en comprender qué sucede con todo el aspecto espiritual o místico de mí ser, si me permito concentrarme en desarrollar esta nueva relación y ver el impacto que la actividad sexual tiene sobre lo que ha sido mi interés principal en la vida: el despertar del alma. Comentaré en función de lo que he experimentado, sabiendo que hay muchas otras opciones y que la actividad sexual puede también ser un medio para el despertar espiritual. La experiencia que comparto está siendo observada desde varias dimensiones de mi propia existencia: el yo apegado a la materia, el placer y el deseo; el yo impersonal que busca la conexión entre el yo inferior y el Yo Superior y el observador intermediario entre mundos. ¡Eh! Por si acaso, no sufro de múltiples personalidades. Son más bien estados internos que se han desarrollado con el tiempo y las lunas. Lo que he notado es que hay una presencia intensa en los dos primeros chakras. Estoy cerca de él y el deseo de abrazarle y acariciarle es automático. Recorrer sus meridianos, estimular su columna, sentir el latido del corazón mutuo cuando nos abrazamos y hacer conciencia de eso, es una experiencia muy deliciosa. A más de ser placentero para  los dos, el estado de atención con el que estoy experimentando esto me hace ver la fuerza que hay en el intercambio de energía con otro ser. Bien decía una amiga que no es lo mismo tener un orgasmo masturbándose que tener uno intercambiando con un ser amado. Y pues, es verdad. Ahora, mencioné que he tenido un placer más grande que el orgasmo que surge de un intercambio sexual con la pareja. Sin duda, no podría ni siquiera comparar estos dos placeres. El otro es indescriptible y se relaciona con la realización del alma. Entre tener un orgasmo y tener la experiencia que viví en el año 1990, cuando me fundí con el alma de otro ser, sin ningún tipo de intervención sexual, pues ni punto de comparación, me quedo una eternidad de veces con la fusión de dos almas. Así que puedo concluir que la relación sexual es algo maravilloso y placentero, pero hay placeres que abarcan mucho más que la que conocemos a través del sexo. Aquí dejo el video en el que comento sobre esa fusión de dos almas. La detallo mejor en el libro: Reflexiones de un Despertar.

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