“Caras vemos, corazones no sabemos” es un viejo y sabio dicho que nos anuncia lo importante que es no quedarse en el encanto de lo que vemos. Las apariencias, definitivamente, engañan y no es sino hasta conocer a una persona íntimamente que podemos, realmente, darnos cuenta sobre sus verdaderos valores y sus creencias más profundas y arraigadas. Muy pocas personas parecen lo que son y, otras pocas, apenas, son coherentes entre sus palabras y sus actos. Me remontaré a la infancia, época en la que inicia nuestro incoherente aprendizaje. Cuando nacemos lo hacemos sin un idioma ni una cultura. Eso […]