Estamos tan sumergidos en la rutina de la vida que, con frecuencia, no entendemos su origen ni su propósito. Solo vivimos, día a día, por donde nos lleve la corriente queriendo creer que somos los provocadores y controladores de las circunstancias, hasta que suceden cosas inesperadas e inexplicables que nos hacen cuestionarnos sobre el origen de las mismas. Especulamos, fácilmente, sobre todo lo que se nos sucede porque estamos gobernados por la ignorancia. Solo los iluminados pueden tener el panorama totalmente claro así que, en función de nuestra especulación, creamos realidades basadas en las creencias a las que nos aferramos. […]