tolerance2Estos días me he dedicado a contemplar la tolerancia y la paciencia. Observando todo a mi alrededor y notando que no es un tema fácil de lograr mientras se está enganchando en las demandas del ego. Estas son cualidades de seres evolucionados espiritualmente, sin lugar a dudas. Lograrlas requiere el mismo proceso dedicado y disciplinado que necesita el desarrollo de cualquier otro valor o atributo. Al final del camino todas las virtudes se convierten en una sola. Mientras caminamos hacia la alineación las podemos dividir pues eso nos permite entender las cualidades paso a paso y poco a poco. Nos brinda tiempo para la integración. Pero, el rato de llegar al fondo de todas las virtudes, veremos que son una y la misma o las veremos a todas interconectadas a tal punto de entenderlas como una sola.

tolerancia1¿Qué es la tolerancia? Encontré esta definición que me pareció acertada:La tolerancia es uno de los valores humanos más respetados y guarda relación con la aceptación de aquellas personas, situaciones o cosas que se alejan de lo que cada persona posee o considera dentro de sus creencias. Se trata de un término que proviene de la palabra en latín “tolerare”, la que se traduce al español como “sostener”, o bien, “soportar”.Podríamos definir la tolerancia como la aceptación de la diversidad de opinión, social, étnica, cultural y religiosa. Es la capacidad de saber escuchar y aceptar a los demás, valorando las distintas formas de entender y posicionarse en la vida, siempre que no atenten contra los derechos fundamentales de la persona…La tolerancia si es entendida como respeto y consideración hacia la diferencia, como una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta a la propia, o como una actitud de aceptación del legítimo pluralismo, es a todas luces una virtud de enorme importancia.”

La aceptación es el eje de la toleracia, en términos generales. La mayoría de humanos estamos tan sumergidos en nuestra individualidad que lograr una verdadera aceptación, de las diferencias con otras personas, requiere una expansión de mente muy amplia. Se necesita aprender a salir del dominio de “yoismo” o, a su defecto, se necesita incluir a todos como parte de uno. Cualquier forma de llegar al desprendimiento de la identidad, del yo, puede terminar en la fusión con todo lo que es. Esto no es una tarea fácil de lograr. Estamos tan aferrados, tan apegados al “yo”, vemos todo a través del “yo”, que se hace difícil aceptar tantas diferencias en creencias y en formas de hacer las cosas. Ahora que estoy pasando un tiempo de vacación, en familia, y estamos todos reunidos bajo un mismo techo observo, nuevamente, como cada uno tiene una manera diferente de llevar su vida, de hacer las pacienciacosas. Mi mamá se enfurece porque no tiendo la cama apenas me despierto. Mi hermana prefiere dormir hasta tarde y le desagrada que hagan bulla. Yo soy desordenada, al igual que mi papá y eso le mantiene a mi mamá en estado alterado. Y, en medio del caos, hay un orden. La necesidad de la convivencia nos vuelve, a la fuerza, más tolerantes. Esa no es una verdadera tolerancia, es momentánea y basada en la necesidad del momento. Hay personas que, por evitar conflictos, pretenden ser tolerantes. Manejan una tolerancia con prejuicio y aparente… esa no es la esencia de la tolerancia. Mientras se repriman sentimientos desagradables será una falsa tolerancia ajustada a las necesidades. Y la llamo falsa solo porque no es la esencia de la tolerancia así esa “falsa” tolerancia funcione por un momento.

Este par de semanas que me he enfocado en trabajar con este tema no han sido ni fáciles ni suficientes para lograr una experiencia de tolerancia auténtica. Si me ha dado la oportunidad de reconocer que existe un camino para lograr la expansión de la conciencia que permita sostener el estado de la tolerancia. Para comenzar, necesito ser tolerante conmigo misma, tenerme paciencia, pero no una paciencia pasiva que me deje hacer lo que quiera sin estar encaminada a una meta. La paciencia implica esperar, el momento adecuado, para atar cabos internos mediante la atención disciplinada de uno mismo hasta llegar al punto de ser el yin y conexionyang de unos mismo, hasta poder ser maestro y aprendiz, observador y observado, hasta poder estar en los dos lados y, finalmente, hasta que los dos lados vibren al mismo son y sean uno. En principio somos uno solo pero es un uno solo dormido que es como una bestia sin domar que responde solo a sus instintos. De ahí hay que pasar a reconocer el aspecto superior del potencial y empezar a despertar, a través de ejercicios internos, meditación, disciplina espiritual, en que reconocemos al Yo Superior. Ahí empieza una relación en la que la dualidad se hace evidente y se la va trabajando al ir elevando, en vibración, los aspectos mundanos del yo inferior. Aquí se libra una gran batalla del ego, consigo mismo, por su afán de sostener su ilusoria existencia. El Alma, como tal, no lucha, espera marcando su presencia que se hace más evidente conforme vamos debilitando el dominio del ego. Luego de esta constante batalla del ego y el surgir del alma sucede, nuevamente, esa unión en la totalidad porque en vez de haber la batalla de opuestos, se da una alineación entre el ego y el alma.

serenidadParte del trabajo que necesitamos hacer para vibrar al nivel del alma es, justamente, desarrollar las virtudes, los valores que tanto apreciamos y que poco practicamos. Los podemos reconocer, sabemos su valor, pero el rato de manifestar su benevolencia en alguna oportunidad, no logramos hacerlo. ¡No importa! Eso nos sirve para saber en lo que necesitamos trabajar. Y, recuerda, todo empieza con uno mismo. Se paciente contigo mism@ pero no caigas en la pereza. Aprende a ser tolerante contigo mism@ sin caer en la evasión de la realidad. Ver las cosas como son, de por sí, ya es un gran reto pero, con una mente vacía y atenta, se puede recibir la información que mejor refleja la intención del momento. Y, luego, a practicar con los demás pues la práctica es la que nos lleva a la maestría.

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