Las leyes del Universo funcionan de maneras muy decidoras. Lo interesante es que, al no comprenderlas ni tener claro como se manifiestan, con frecuencia son opuestas a algo con lo que nacemos, inevitablemente, y que suele gobernar nuestras vidas: el ego. Este resuena con las vibraciones más bajas de nuestra existencia y es el aspecto, de la experiencia humana, en el que nos aparcamos apaciblemente sin reconocer las razones por las que existe. ley universalMuchos consideran al ego como un aspecto temible y desagradable de nuestra humanidad pero, la verdad, es la mejor herramienta de la que disponemos para nuestra realización interior. No te apresures, es verdad que cuando nos colgamos en el ego distamos, totalmente, del espíritu pero, si entendemos que se trata de aprender a domarlo, de trascenderlo, nos daremos cuenta de su valiosa participación en nuestro camino de despertar del alma. Es, justamente, a través del camino que recorremos para domar el ego (domando el pensamiento) que nos alineamos con la esencia espiritual. Si no tuviéramos este agente para trabajar, no tendríamos el suficiente impulso para escalar o penetrar en el mundo del espíritu. Esa es, pues, una condición de la encarnación en este plano de existencia. Aquí, venimos equipados con muchas posibilidades y las que más cuestan lograr son las que nos permiten alcanzar una verdadera felicidad, no momentánea, sino esa felicidad constante que se logra con el despertar interior. Superar la esclavitud del ego es un gran camino. ¿Por qué tendría que costar tanto? No lo sé pero, supongo que, dada nuestra estructura psicológica colectiva, un camino fácil no nos permitiría apreciar el valor que tiene el dominio sobre uno mismo que, en gran medida, permite una elevación espiritual.

llamar¿De qué manera entran los deseos en este juego? Pues, son un mecanismo del ego la mayor parte del tiempo y, sobre todo, cuando no están alineados con el propósito del alma. ¿Cómo surgen los deseos? En medio de la compleja red de circunstancias que moldean la personalidad de un individuo nos encontramos con este aspecto de nuestra humanidad que busca realizarse a través de algo que anhela y no tiene en su vida. Por ejemplo, cuando nos enamoramos nos llenamos de deseos. Quisiéramos que sea así, que haga esto o aquello, desearíamos que nos llame o nos haga sentir la plenitud del amor. Si es un tema laboral, quisiéramos que aparezca el trabajo ideal, con las personas precisas. En lo que sea que busquemos, siempre estamos tratando de encontrar lo que se ajuste a nuestros mayores deseos. Eso esta bien, es justo. Sin embargo, cuando nos obsesionamos con algo solemos bloquear su manifestación. Simplemente va en contra del flujo natural de la energía. En cualquier área de nuestra vida, la obsesión es destructiva. Podríamos decir que la obsesión es un deseo constipado pues se queda atorado, en nuestra mente, y gobierna nuestro estado mental. Esto hace daño, sin lugar a dudas.

deseosEn la meditación que realizamos sobre la manera en que los deseos nos condicionan pudimos notar, al contemplar el proceso, que los deseos deambulan en el estado mental en la zona de la cabeza con una sensación de estar flotando en el espacio. Pudimos observar que generaban mucha angustia y frustración porque la realidad en la que estamos dista del cumplimiento del deseo. Había una brecha y, ésta, generaba esas sensaciones de frustración, impaciencia, sufrimiento, angustia y otras sensaciones nocivas para el bienestar. Al liberar los deseos y entrar en la aceptación de la realidad, inmediatamente, se asentó una sensación de paz. La aceptación nos enfocó en el momento presente y permitió que la energía vuelva a fluir. Nos costó mucho salir del encanto de los deseos pues, en ellos, creamos el mundo ideal y quisiéramos mantenernos ahí. En la medida en que no se manifiesten, en nuestra realidad, padeceremos de esas sensaciones nocivas anclándonos, aún más, en la dimensión del ego y las vibraciones más bajas de nuestro potencial. Esto no quiere decir que no tengamos deseos altruistas que valgan la pena sostener para generar un cambio. Lo que sucede es que el cambio no se genera por sostener pensamientos y deseos altruistas sino por la manera en que vivimos y hacemos las cosas. Otra cosa que pudimos notar fue que, la mayor parte de deseos, se quedan en deseos por un gran tiempo especialmente si los sostenemos de esa manera insistente y desconfiada en la capacidad del Universo para enviarnos las cosas en el momento propicio para nosotros. De esto pudimos notar que tener el deseo, como tal, no es del todo malo. Lo negativo es la forma que nos aferramos al deseo.

kitarojonVoy a compartir un par de ejemplos que puedan brindar algo de luz al respecto. Recuerdo hace un par de décadas, cuando estaba estudiando en California. Había comprado un ticket para ir a un concierto de Kitaro con Jon Anderson. Tenía un deseo enorme de ir al concierto y, cuando llegó el día, recuerdo con impresión que me subí en el carro y no sé como llegué al lugar del concierto pues, todo el viaje, fui soñando que le entrevistaba a Jon Anderson y que le invitaba a visitar Ecuador. De pronto, llegué al lugar y aterrice en Planeta Tierra. En vista de que consideré que eso no sería factible y que no fue más que un lindo sueño, lo dejé ir, sin ningún tipo de expectativas ni aferramiento al tema. Regresé al Ecuador y, al año, volví a visitar a mis amigos. Descubrí que la casa discográfica Windham Hill se había mudado a Palo Alto. Les llamé para ver si podían darme material promocional para mi programa radial, como lo habían hecho años anteriores. El gerente de promoción me atendió muy amablemente y, sabiendo que estaba por regresar a mi país, me invitó a visitar las instalaciones de la WH. Fui enseguida. Este señor parecía estar fascinado con la visita y me hizo algunas preguntas sobre Ecuador porque tenía planificado visitar el país. Me iba poniendo disco tras disco en mis manos. Para esto, justo antes de volver a Ecuador el año anterior, me había enterado de que Jon Anderson iba a sacar un nuevo disco. Les pedí a mis amigos que estén pendientes para que me lo manden apenas salga al mercado. Pasó el año y nada del disco. Así que cuando el gerente me llevó a la sección internacional y vi colgando un gran poster de Jon Anderson, le pregunté que como así tenían tremendo poster de Anderson cuando normalmente, con el grupo de rock Yes, grababa para Arista. En eso él me dijo: «¿qué, no sabías? Nosotros estamos sacando el último disco de Jon Anderson y se titula Deseo». Le comenté que este cantante era de mis favoritos y que esperaba que me dé este disco. Ya lo tenía entre los que había puesto en mis manos y, cuando ingresamos en su oficina, me dijo: «qué pena que te regreses mañana a Ecuador pues este sábado hay una fiesta privada en su casa, con motivo de lanzamiento de su disco, y podía haber conseguido la manera de que vayas.» Yo me caí «flop» sentada y boquiabierta. Como un flash me pasó ese sueño que tuve el año anterior y le dije: «si tu me ayudas yo me quedo, no hay problema.» Para hacer el cuento corto, terminé teniendo una entrevista privada con él, en su casa en Pacific Palisades. Cuando esto acabó volvió a pasar por mi mente aquel sueño que tuve el año anterior y comprendí que, en la medida en que no me aferré a que eso se diera, el Universo confabuló para crear, absolutamente, todas las condiciones para que eso suceda: 1) que demore más de un año el lanzamiento de este proyecto; 2) que viaje, a San jon anderson interviewFrancisco, justo en la época precisa; 3) que la Windham Hill se haya mudado a Palo Alto (cerca de San Francisco); 4) que el gerente me haya recibido inmediatamente; 5) que mi amiga Annie me haya acolitado para viajar a Los Angeles en un vuelo de 2×1 (estaba tan increíblemente nerviosa que, definitivamente, necesitaba ir acompañada, hasta pudimos quedarnos la noche anterior en casa del suegro de Annie); y 6) que todo se sincronice para estar ahí para esta rueda de prensa que terminó siendo una entrevista privada y directa entre él y yo. ¿Qué más podía pedir? ¡Fue algo muy mágico! Tuve la oportunidad en mis manos y la aproveché. Podía haberla dejado pasar por cumplir con lo planeado. Pero, al ver mi sueño haciéndose realidad, no dudé ni un segundo en manifestarlo y tomar la oportunidad. Valió la pena pues me dejó mucha enseñanza. Parece que el Universo nos mueve, como piezas de ajedrez, sin que nos demos cuenta, para manifestar las experiencias de vida.

ley universal2Igualmente, he notado que, cuando se tiene ese deseo insistente que se estanca, simplemente, las cosas no se dan. Aquí hay que trabajar con la liberación del pensamiento. Justamente porque me encontraba en una situación, dando vueltas en algo que no se manifestaba a tal punto que estaba ya medio desorbitada, llena de frustración y angustia, decidí encontrar el antídoto para salir de ese estado que me estaba alejando de mí misma. La meditación y contemplación de este proceso me llevó a la aceptación, la rendición a la voluntad del Universo y a fluir con el momento presente. Más fácil dicho que hecho pues me tomó un par de semanas pero sí encontré paz, nuevamente. No puedo replicar el proceso del deseo libre como el que narro aquí pero, al menos, puedo ayudarme a mi misma a no caer en la rueda de la angustia generada por un deseo no manifestado. Al rendirme al Universo y decir: «que se haga Tu voluntad», me estoy dando algunas cosas saludables, especialmente la liberación de la expectativa de que algo se de o no.

Quisiera distinguir entre el deseo del ego y el anhelo del alma. El ego desea las cosas bajo sus términos y condiciones y eso es lo que nos genera sufrimiento la mayor parte del tiempo. El alma, en cambio, si tiene un anhelo lo libera al Universo para que las condiciones se den cuando sea el mejor momento para el alma. En este caso no hay ningún tipo de aferramiento, mas bien, es como una rendición confiada al Universo y sin expectativas al mismo ley universal1tiempo. En este estado no hay lucha. La lucha interna surge con la intervención del ego. Entonces, hay que reconocer los deseos, discernirlos de los anhelos del alma y, luego, si no se desea sufrir a causa de no obtener lo que se desea, hay que aplacar el impulso del ego. De esta manera lo vamos domando y ubicando en su lugar. Pero, si estimulamos ese impulso del ego, el deseo se puede convertir en una obsesión que hace más daño de lo necesario. Trabajar con uno mismo, internamente, no es sencillo. A veces el deseo es sobrecogedor y nos somete generando un estado ilusorio y flotante. Si no nos observamos y aceptamos lo que nos está sucediendo podemos seguir así por largo tiempo sin ninguna funcionalidad para la vida diaria. Se presenta el deseo, se lo observa, se lo sigue y hay que saberlo parar. ¿Cómo parar? Anclando los pies en la tierra, es decir, regresando al momento presente, con bondad y gentileza con uno mismo. Ahora, el anhelo del alma puede coincidir con el deseo del ego, es más, generalmente, hay alguna conexión entre el uno y el otro. Sin embargo, es cuando canalizamos ese anhelo a través del ego que se estanca. Nos enfrentamos, entonces, a un dilema entre el alma y el ego. En vista de que la mayor parte del tiempo la pasamos y la dedicamos al ego, su fuerza es sobrecogedora. Despertar el alma, en medio de su dominio, es toda una aventura de transformación interior.

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