Este fin de semana acudí a un curso de Hatha Yoga impartido por Gustavo Plaza y me di cuenta, por primera vez en años, el nivel de abandono que le he dado a la movilidad de mi cuerpo. Crecí siendo una deportista nata. Jugué fútbol hasta los 40, estuve en la selección de atletismo del colegio, jugué volley, basket, hice ciclismo, natación, ping pong y tenis. La verdad no podía quedarme mucho tiempo sin algún deporte. Cuando ingresé a futbolla universidad dejé el mismo ritmo de actividad y me dediqué sobre todo al tenis, un deporte que me acompañó hasta la década de los 40 ya que, debido a lesiones y exceso de peso, tuve que dejar. La década de los 20 estuve todavía muy pegada al deporte, la década de los 30 menos y aquí incorporé las artes marciales. Realmente, era muy flexible a pesar de haber sido grande siempre. Podía meditar en medio loto sin ningún problema y quedarme horas en esa posición. Debido a experiencias emocionales muy difíciles, a partir de los 30, empecé a olvidarme del cuerpo. He vivido en un mundo en el que ha sido muy difícil discernir las intenciones de las personas que se me acercaban, especialmente los hombres. Por motivos personales que me ponían en una posición vulnerable, la relación con los hombres, a nivel íntimo, siempre fue un nicho de incertidumbre e inseguridad para mí. Entonces, después de haber experimentado una traición a nivel espiritual, del que consideré un maestro por un tiempo, me fui abandonando. Fue muy duro superar esta sensación de haber sido utilizada a este nivel, de haber sido traicionada y sobre todo, más que traicionada, totalmente mentida por un falso profeta, un tipo calculador y muy manipulador. Entonces, lo único que quería es que nadie se me vuelva a acercar, al menos no mientras yo no logre un sentido de afianzamiento y seguridad en mí misma, como para no tener miedo de que se me acerquen y tener la capacidad de discernimiento suficiente como para escoger mejor. No he llegado al punto que he deseado pero, al menos, he aprendido a no aceptar lo que no concuerda conmigo. Me ha tomado un par de décadas lograr una relación conmigo misma lo suficientemente clara como para no dejarme afectar por las intenciones de los demás. Y, realmente, es la base de todo: una relación clara y sin temor de uno mismo. El rato que uno tiene confianza en uno mismo, la vida se vuelve mucho más manejable. Esto no implica no equivocarse, sino que se puede manejar mejor las kimadversidades. No he llegado todavía a rendir el ego al alma, ojalá lo logre en esta vida. El ego tiene temor todavía de no tener control sobre ciertas cosas y además de eso, el temor mayor es asumir la responsabilidad de la energía que el alma desea canalizar a través de este ser mundano. Para que el ego se rinda al alma, hay que recorrer un camino de despertar y fortalecimiento interno porque, definitivamente, hay un cambio a nivel vibracional para el que hay que prepararse. Entonces, en medio de aprender a confiar en mi misma, rendir el ego al alma y el despertar interior, escogí abandonar al cuerpo ya que la gente se mueve por lo que ve con los ojos y no puede ver más allá de eso. De esta manera podría asegurarme más tranquilidad en el tema con los hombres y podría enfocarme en el camino interno sin distracciones relativamente innecesarias. Pero el costo ha sido alto. Yo me veo todavía subiéndome a los árboles pero físicamente no lo puedo hacer. Me veo jugando tenis, pero por lesiones emocionales en las lumbares, ya no puedo hacerlo con la misma agilidad y velocidad que antes. La comida y sus efectos han sido un gran refugio y no me arrepiento. Pero, tiene sus efectos colaterales que no son óptimos tampoco. Las dificultades de la vida nos pueden desconectar de aspectos de nuestro ser. Puede darse una desconexión del yo interior, se puede dar una desconexión del cuerpo físico, se puede reprimir el cuerpo emocional o nos podemos enfocar meramente en el aspecto mental, en donde las emociones tienen restricción. No es sino hasta recibir una alerta vivencial que podemos escoger hacer algo al respecto o no.

Sinceramente, a mi no me interesa para nada tener un cuerpo despampanante y menos ser flaca. Me interesa que el cuerpo me sirva y sea yoga-asanfuncional para lo que quiero hacer con el. Y estoy lejos de lograr lo que siento que quisiera hacer pero no encontraba el algo preciso que me haga dar cuenta de lo lejos que estoy de lo que deseo. Entonces, durante esta clase de Hatha Yoga, con Gustavo, quedé totalmente clara de mis limitaciones físicas que no son las limitaciones mentales. Esto me lleva a estimular la práctica. Jamás pensé que el Yoga lograría eso por mí ya que le tenía cierta aversión debido a impresiones registradas en mi temprana memoria en la que oí hablar de Yoga y ver a unos Fakires metiéndose espadas por la boca o acostándose en camas de clavos o cosas que, para mi temprana edad, eran muy violentas. Obviamente, era una asociación errónea e incompleta que ahora me dispongo a enfrentar y superar mediante la práctica vivencial del Yoga. Y así como a mí se me quedó ese registro de memoria errónea, ¿puedes imaginar cuántos registros erróneos guardamos en nuestra psique y que afectan la vida entera? De esto podría escribir un artículo entero.

La verdad nunca me he sentido muy identificada con el cuerpo. Desde pequeña he sentido que no soy el cuerpo, que hay un algo, un alguien que funciona en este cuerpo y ese ser es lo que soy, sobre todo después de experimentar unos desdoblamientos que narro en otro artículo del blog. El cuerpo ha sido un medio, un vehículo que, por estar muy conectada con esa vivencia interna, no ha sido mi prioridad. Escucho decir que el cuerpo es el templo del alma pero algo no cuadra para mí en eso, sobre todo si lo que siento es que soy ese ser que es un estado de conciencia que dirige mi vida. Definitivamente, es una señal de la falta de conexión con el cuerpo. Así mismo hay personas que lo que les falta es la conexión con este ser interior. El trabajo de integración es el mismo sino que al revés y quizás los caminos para llegar a la integración sean diferentes.

ansiedadEn tal caso, la realización vivencial del abandono del cuerpo, en este momento, me ha invitado para que le devuelva la posibilidad de tener la flexibilidad necesaria para disfrutar de actividades como las artes marciales estilo Chi Kung, Tai Chi o Aikido que son con las que más contacto he tenido, ojala pueda volver a sentir la adrenalina del tenis sin estar más pendiente de posibles lesiones. Hay un costo en todo eso y solo hay que hacerlo, no hay mucho que pensar al respecto. No sé si logre una conexión profunda con el cuerpo como para sentirlo tan sagrado como para venerarlo y, puedo decir que al considerarlo, no lo siento como una prioridad. Sé que el cuerpo morirá y lo que he intentado es, en medio de todo mi dilema, darle una opción más saludable de alimentación. Bajar de peso en el cuerpo no será exitoso mientras no me quite los bastones psicológicos que se sienten bien con el exceso de peso. Mi gordura inicia en la mente y se evidencia en el cuerpo. Para mi no es ninguna solución la operación para reducción del estómago o manga gástrica porque el problema no está en el estómago. Es enfrentando lo que guardo en la mente lo que me ayudara a dejar ir el exceso. Las dietas no sirven porque es enfocarse en la parte superficial del conflicto. Algo me ha dado el Yoga que me impulsa a fortalecer los aspectos de la mente que me han llevado a donde estoy ahora. Así que es fascinante encontrar un nuevo camino para la interiorización y el enfrentamiento con la mente. Veré hacia dónde me lleva con el tiempo y las aguas.

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3 comentarios
  1. Gloria querida, que alegria que el taller que compartimos te haya llevado a tan profundas reflexiones!
    Me ha encantado tu artículo y lo valoro! Que valiente eres amiga!
    Creo que el cuidar el vehículo con el que contamos y saber dirigirlo, nos permite llegar a donde realmente queremos llegar en esta experiencia que tiene un propósito amoroso! Practica amiga querida, practica, practica! y te puedo asegurar que en poco tiempo todo vendrá y sentirás el beneficio que recibes. Recuerda que no veneramos el cuerpo, lo cuidamos y le damos el valor que tiene, no más. Tu espiritu es el cochero y el cuerpo el coche y el ego el caballo, al que puedes y debes guiar! Y todos requieren ser mantenidos o el carruaje ya no podrá cumplir con su función y misión. Un abrazo

  2. Tus reflexiones coinciden con las explicaciones de Un Curso De Milagros, la Mente es la que esta enferma, el cuerpo es la primera proyección de la mente, luego proyectamos en los demás. Según el curso, la vía de sanación es el perdón y el cambio de percepción, ese es el milagro.

  3. GRACIAS …..es sido creyente que hay una coneccion en el universo y las cosas llegan en la medida que las necesitas, me identifico totalmente con tu caso y no había entendido el porque de mi peso…creo que también lo estoy usando de escudo…espero encontrar la fuerza y los medios para hacer algo que mejore mi vida , para sentirme bien conmigo misma….GRACIAS otra vez por tu artículo , llegó muy oportunamente…
    atte
    Fabi

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