El ser humano, en general, busca sentirse completo, sea a través de una relación, la auto-realización o la conciencia plena de lo que se es. ¿Por qué tenemos esa sensación de vacío o de que nos falta algo para sentirnos completos? ¿Por qué pensamos que la relación con otro nos va a completar? Esta sensación puede tener varios orígenes. Para comenzar, la realidad de la tercera dimensión implica separación. ¡Sus motivos tendrá! Esta separación nos hace sentir aislados y desconectados de los demás. Así no sea verdad es algo muy real que experimentamos todos. Son muy pocos los seres que sienten la unidad con todo. Sin duda se requiere un nivel de conciencia muy elevado para sostenerse en esa dimensión. Hay otros seres que reciben experiencias cortas, pero contundentes, que dejan saber que esa omnipresencia es verdadera y que hay que hacer algo para llegar a mantenerse en aquello. También hay quienes, en esta vida, no experimentan ninguna sensación de unión. En este mundo físico y material es más evidente la separación. Entonces, para experimentar la unión, hay que acceder a esos aspectos sensoriales internos y/o la dimensión espiritual a la que no prestamos suficiente atención. Todos nacemos aquí por algo y con distintos niveles de conciencia. Debido a la dinámica dual de esta tercera dimensión, no sería nada saludable que todos estemos en un mismo nivel de conciencia. Necesitamos esa diversidad para crecer, despertar o evolucionar. Al mismo tiempo, cada vida es una oportunidad para avanzar en el sendero del despertar interior que, podría decir, es el sendero de mayor realización posible en esta dimensión. ¿Qué significa este “despertar”? Aunque hay muchas formas de explicarlo y de concebirlo podría decir que despertar es llegar a la concienciación unificada de la existencia multidimensional. Es despertar a la esencia espiritual inherente que trasciende la dualidad. Es dejar de identificarse con el “yo” y encontrar el silencio de Todo lo que Es. El camino lo tiene que descubrir cada uno a través de las experiencias de vida y cómo se utiliza esto para lograr la liberación.

Si bien ese camino es personal e individual, hay ciertos parámetros que se aplican a todos porque la vida de uno es la vida de todos con distintos matices y experiencias. Todos experimentamos alegría, tristeza, miedo, ansiedad, amor, compasión, ira, orgullo, melancolía, deseo y así sucesivamente. Esta vasta gama de “sentimientos” es lo que hace y forma la experiencia humana. El ego es lo que nos separa del resto y nos hace individuos, es el motor de la personalidad y es la parte del constructo psicológico que se nos hace difícil, en muchas instancias, diferenciar del estado profundo del ser conectado con el alma. Para trascender el “yo” necesitamos primero conocerlo y sanarlo. A través del proceso de sanación nos vamos integrando de tal manera que todo lo que nos divide o nos mantiene partidos se va cicatrizando y vamos recuperando la experiencia de integración del ser que puede concluir en la liberación de la identidad.

Hace varias décadas tuve una visión que, simbólicamente, me ha ayudado a entender la importancia de sanar heridas internas.  En esta visión podía ver que las heridas perforaban el campo energético creando un hueco, de distintos tamaños, por donde la energía se escapaba.  Esos huecos emiten una energía oscura que puede ser fuerte o de baja emisión, dependiendo la intensidad de la herida. Definitivamente es una fuga de energía. Lo más difícil resultaba sanar de adentro hacia afuera. Lo más fácil es poner un parche para que no escape la energía pero, con el parche, la herida se mantiene abierta y no hay nada que aguante la continua fuga mientras la herida este abierta. Con tanta fuga de energía se pierda la sensación de integridad y la fuerza del ser se ve opacada. Algunas heridas que van sanando desde adentro dejan cicatriz, otras no. Sanar de adentro hacia afuera implica pasar por un proceso de liberación y transformación. El costo es mayor, sin embargo, la recuperación y el cierre de esa fuga de energía le fortalece aún más a ese ser. A ratos hasta parecería que necesitamos esas heridas para fortalecernos internamente, claro, si se hace este tipo de sanación, no la del parche.

¿Qué hay que sanar? Aquí es donde todo el proceso de transformación y despertar inicia. El “yo” es el que suele herirse. No descarto heridas del alma y de esas no estoy lista para escribir. En tal caso, ese ego individual y separado es el que padece de todos los males en cualquier lado de la balanza. En esta publicación abordaré el tema de la inseguridad, su efecto en las relaciones y la responsabilidad de sanación y concienciación.