Generalmente, en vez de hablar directamente con la persona en cuestión, acudimos a amigos u otras personas para lamentarnos o buscar guía. Es comprensible buscar alguien que nos escuche, no solo como desahogo sino por la posibilidad de escuchar otra perspectiva, sin embargo, el problema sigue. Podremos silenciarnos, distanciarnos, disgustarnos y buscar espacios, pero seguimos sosteniendo el malestar o sentimiento internamente y no pasa nada más que seguir en lo mismo o peor.

Esta situación también nos puede suceder en el trabajo. Con frecuencia nos callamos para evitar problemas y nos podemos consumir en situaciones incómodas por el miedo a expresarnos. Eso no solo que desgasta sino que hasta puede enfermarnos. Entonces, esta dinámica sucede en todo tipo de relaciones y mientras más cercana, más difícil. Lo que solemos hacer es despotricar a los 4 vientos toda nuestra frustración, hablamos mal de la otra persona, decimos, a quienes nos oyen, todo lo que nos molesta, generalmente, enfocados en sus defectos sosteniendo nuestra ira, miedo y demás sentimientos nocivos. En parte está bien soltar esos sentimientos tóxicos en otra dirección pues las cosas que se dicen suelen quedar y, por eso, es mejor que nos libremos de esa energía negativa que cargamos y nos aclaremos internamente antes de dialogar con la persona involucrada.

Es importante aclarar que el miedo no es solamente a expresar iras y frustración generadas en un intercambio. También tenemos miedo de decir cosas como: «siento amor por ti», «estoy enamorado de ti», y cosas por el estilo que delatan nuestro sentir por otra persona que, puede o no sentir igual. Estos casos, son quizás, un poquitín menos complejos que en los que hay ira. Notamos que el miedo es la base de cualquiera de estos casos. Por eso es importante hacer una reflexión interior profunda para indagar en ese miedo. No siempre es fácil desprenderse de los miedos pues están muy arraigados en el subconsciente, sin embargo, o los conocemos y enfrentamos o siempre dominarán nuestra vida.

Otra cosa importante notar es que es menos difícil hablar con una persona que es del mismo temple de carácter que el nuestro o que es menos fuerte. En cambio, si nos toca hablar con una persona que es de carácter más fuerte o agresivo, el asunto es de mayor reto y dificultad. En cualquiera de los casos, siempre será beneficioso exponer las cosas de una manera que pueda llegar a la otra persona para que se pueda trabajar en el asunto. Si nos ponemos defensivos inevitablemente nos ponemos agresivos y enseguida las dos partes suben sus muros de defensa y se pierde la posibilidad de lograr acuerdos y que se comprendan. Por eso, siempre es mejor hablar en primera persona sobre lo que uno siente sin señalar o mencionar los defectos ajenos.

¿Qué podemos hacer? En este video ofrezco algunos tips que pueden ayudar. Si tienes preguntas o comentarios déjalos en la sección de comentarios. Muchas gracias por considerar este tema y esperamos que la información te sirva. Comparte con otras personas y suscríbete al blog y el canal de youtube para mantenerte informado.